Ya no logro imaginar cómo deben de ser esas casas en las que se tiende la ropa una sola vez. En mi casa hay que tenderla siempre dos veces. Una, para que se seque, a la manera normal. Podría ser suficiente si esta fuera una familia normal. Pero resulta que como Chico se aburre, cuando ve que no hay nadie en el salón aprovecha para destender toda la ropa (húmeda) y ponerla sobre la mesa. Ahí viene, como habréis imaginado, la segunda vez que debemos tender la ropa.
Me estoy acordando de aquel 19 de diciembre de 2013, cuando me llamó la doctora al nido para decirme que mi hijo había nacido con síndrome de Down y un problema en el corazón.
No deberían dar esas noticias tan duras de manera directa, carajo. No sé, podría haberme dicho, por ejemplo: “Prepárese, porque llegará el día en que tendrán que tender dos veces la ropa”.
Sí, eso hubiera estado bien, una información con circunloquio y un poco de misterio, esas cosas que —dicen— alegran la narrativa y la vida.
Francisco Rodríguez Criado (texto e imagen).
La importancia de la ortografía
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