Lo confieso: Yo compré un pollo asado el 8M (Un desahogo necesario)

pollo asado, coronavirus

Volvamos a los hechos, le duela a quien le duela.

El 26 de febrero publiqué un artículo en El Periódico Extremadura titulado “Coronavirus: gripe o caimán”. En él mostraba mi desconfianza hacia quienes decían que el coronavirus era como una gripe común, y de paso contaba que dos días antes, el lunes 24 de febrero, había acudido a Urgencias de La Paz porque ChicoChico había enfermado de repente y no paraba de vomitar.

Allí estuve al menos dos horas, esperando mi turno. Cuando llegó el momento, le hicieron la pertinente revisión y le dieron un medicamento por vía oral. Para comprobar si le hacía efecto, teníamos que esperar media hora, al cabo de la cual nos atenderían de nuevo. En ese intervalo salieron de una sala tres chinos con mascarillas, a los cuales yo había visto entrar pocos minutos después de que Chico y yo ingresáramos en Urgencias. La cosa se puso fea: para asombro de quienes estábamos allí, un enfermero comenzó a gritarles a los tres chinos para que no salieran de la sala, y acto seguido nos echaron de Urgencias y cerraron las puertas, sin dar explicaciones. Así que allí nos quedamos, confinados en un ala de Urgencias. (Ahí empezaron para mí las precuelas del confinamiento). Ya había allí sanitarios con trajes EPI (por entonces yo no sabía cómo se llamaban), al pie del cañón, ganándose los aplausos masivos que vendrían luego. (Hoy ha muerto el jefe de Cirugía de la Paz. D. E. P.).

Así que pensé: ChicoChico, síndrome de Down, operado de corazón, con estenosis en la válvula pulmonar, con tendencia a pillarse neumonías con suma facilidad, algunas de las cuales han necesitado hospitalización…. No me lo pensé un segundo: subí al niño al carrito (me lo había llevado porque sabía que íbamos a estar allí varias horas; así podría echar una cabezada) y salí pitando de La Paz. No lo consulté con nadie, no hablé con nadie, no le pregunté nada a nadie: me fui corriendo (literalmente). Cuando la salud de mi hijo está de por medio, tonterías, las justas.

Al llegar a casa, me quedé en pelotas en la puerta y desnudé también al niño. Madre Coraje le lavó las manos y la cara y lo metió en su camita, mientras yo me duchaba. Luego eché toda la ropa en la lavadora que había dejado en la puerta. (No he vuelto a tomar este tipo de medidas tan agresivas; me preocupaba el niño, no yo. De hecho, trato de sobrellevar esta circunstancia con cierta tranquilidad).

(Otro inciso: hablando con el farmacéutico del barrio días atrás, me dijo que había comprado por Internet una pantalla de plástico anticontagio el 24 de febrero, después de que yo le contara lo que había vivido ese día en La Paz. Otro que tampoco está para tonterías).

Bien, repito: 24 de febrero. Luego vendrían el 25, y el 26, y el 27, y el 28, ¡y el 29! (año bisiesto). Y vendría el 1 de marzo, el 2, 3, 4, 5, 6, 7 y 8.

Yo no paraba de decir en casa: “Se va a liar. Va a morir gente, y no van a hacer nada hasta después del 8M”. Y tristemente no me equivoqué. El Gobierno, muy apurado, comenzó a entrar en acción el 8M por la tarde-noche. Yo ya los veía acongojados. Cualquier persona con un poco de sensatez sabe que si la manifestación del 8M se hubiera celebrado, pongamos, el 5 de agosto o el 3 de enero, gran parte de lo que ha sucedido se hubiera evitado. No todo, pero sí bastante. Se hubieran puesto a trabajar pronto y se hubieran anotado un tanto. Pero querían celebrar la manifestación del 8M porque eso les daba réditos políticos. Entre la política y la conveniencia política, eligieron lo segundo. Eso era al principio. Se notaba que desde principios de mayo lo estaban pasando mal: aunque en realidad ya no querían celebrar la manifestación, no tenían agallas para cancelarla. Estaban deseando que pasara para empezar a defender a la población de lo que ya estaba en camino. (Winter is coming…). Y de aquellos lodos, estos polvos.

(Y a todo esto, a finales de marzo, un familiar directo mío enfermó de coronavirus. No quiero hablar de cómo me he sentido durante semanas. Hoy no toca hablar de eso).

En fin, eso es lo que hizo el Gobierno. Ahora veamos la estrategia chusquera de los palmeros del Gobierno.

–Decir que el Gobierno no sabía nada (falso; sabían mucho desde enero. Y en febrero ya ni hablemos. ¿O es que yo salí huyendo de La Paz por entretenimiento? ¿O acaso nos confinaron en un ala por diversión? ¿O caso estaban los sanitarios con trajes EPI para entretener a los niños? Hay tanta información sobre lo bien informado que estaba el Gobierno, valga la redundancia, que resulta tedioso insistir en ello).

–Decir que era inevitable, y que también ha ocurrido en todos los países (falso; ahí están Japón, Alemania, Corea del Sur, Grecia o Portugal, este último con un primer ministro socialista. Ellos se limitan a citar a gobiernos negligentes: Francia, Italia, Estados Unidos, Reino Unido…, no citan a los que han actuado con diligencia, por eso de que las comparaciones son odiosas.

–Decir que el Gobierno lo está pasando mal y que Pedro Sánchez les da pena (cuestión de sensibilidades; al parecer ponen la pena en quien podría haber evitado en gran parte el problema, y no en los miles de fallecidos y en sus familiares).

–Decir que Vox celebró una manifestación, que hubo conciertos, partidos de fútbol, misas y reuniones. Claro, y yo salí a comprar un pollo asado. Anótenme en la lista de culpables. Se hacía vida normal porque el Gobierno, hasta la tarde del 8M, nos pidió que hiciéramos vida normal. Es más: nos pidieron que fuéramos a la manifestación. (Ojo: conozco feministas que por si las moscas no fueron). O sea que el Gobierno ordena el confinamiento llegado el momento, pero todo lo que ocurría antes fue culpa de que no estábamos confinados. ¿Y por qué no tomasteis medidas para confinarnos, majos, en vez de acusar a los que hacían lo que promulgabais: vida normal? ¿Por qué no cancelasteis la manifestación de VOX y la del 8M, los partidos de fútbol, las misas y etc. hasta que fue demasiado tarde? Y yo, mira qué desalmado, comprando un pollo asado…

–Decir con obligada mansedumbre: “Se han cometido errores, pero”. (Tardarían menos si explicaran cuáles son los aciertos).

–Y si nada de esto funciona, publicar la foto de Rajoy haciendo footing… (Sin comentarios).

–Y etc. (Aquí se anima a los palmeros más creativos a que inventen sus propias defensas de un Gobierno esperpéntico. Inventen ustedes, que todo acaba calando).

Algunos se preguntan: ¿Qué hubiera hecho la derecha si hubiera tenido en el horizonte, pongamos, la Manifestación de las Fuerzas Armadas? Pues posiblemente lo mismo. Son políticos, unos y otros, y van a lo suyo. (Quien espere servilismo por mi parte hacia un partido político puede esperar sentado. Yo opino que los políticos deben estar al servicio de los ciudadanos, no los ciudadanos al servicio de los políticos. Sí, ya sé que soy un rara avis). En cualquier caso, debemos juzgar a los políticos por lo que han hecho (pasado) o hacen (presente), no por lo que harían (condicional).

En el asunto del coronavirus no hay ideologías que valgan: solo hay buenas y malas gestiones. Hemos visto a malos gestores de derechas (Bolsonaro, Trump) y gestores buenos de izquierda (António Costa, en Portugal, por ejemplo). Y viceversa (Boris Johnson es otra calamidad. Un poco más y paga su estulticia con la vida). Gente que tiene mi confianza (algunos de ellos de derecha) me cuentan que el alcalde de Cáceres (del PSOE) está trabajando muchísimo por ayudar a superar la crisis. Estupendo: en estos casos lo que menos importa es el partido en el que milita el gobernante; lo que me importa es cómo lo hace.

¿Qué demonios importa la ideología a la hora de frenar una pandemia? No importa nada. Pero ahí siguen muchos que se toman esto como una Liga de Fútbol, apoyando a los suyos por muy mal que lo hagan. Sí, esos que estarían con los machetes en los dientes si el Gobierno fuera de un signo político diferente. Ahí están, insultando nuestra inteligencia (a veces con éxito).

Espero que los familiares de las víctimas sepan perdonar al Gobierno y a sus palmeros. Juro que yo lo intento.

Francisco Rodríguez Criado es escritor y corrector de estilo.

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Empanadas mentales

La empanada mental de los independentistas catalanes no tiene límite. El último ejemplo es el del jugador de balonmano Arnau García, que votó sí a la independencia y días después se sintió halagado al ser convocado para jugar con la selección española. Sí, ha aceptado jugar… en la selección del país del que quiere separarse. ¿Lo entienden ustedes? No se esfuercen.

Tampoco lo entendieron los periodistas de El partidazo de Cope, que tuvieron que hacer gárgaras antes de tragarse el batiburrillo de ideas de este chaval que dice ser catalán, español e independentista. Todo a la vez. Si hubiera vida en Marte, también sería marciano.

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El presidente pasmado

La política puede llegar a ser una profesión tan dañina como difícil. Dañina, porque en muchas ocasiones no solo no soluciona nuestros problemas sino que los agrava o incluso crea otros. Y difícil, porque gobernar para personas con sensibilidades e intereses tan diferentes es como picar hormigón.

Aun asumiendo la especial dificultad en un tema como Cataluña, Rajoy no podría haberlo hecho peor. Don Mariano, a quien le ha ido tan bien tomando mojitos en las trincheras mientras la oposición hacía turnos para pegarse un tiro en el pie, ha descubierto que la pasividad no funciona en Cataluña. Ya sabe que si uno no toma la iniciativa, tu rival lo hará por ti. Pero ojo: que se haya percatado de su error no quiere decir que vaya a repararlo. Y ahí sigue, pasmado mientras consulta el oráculo.

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¿Cómo frenar la yihad?

Europa tiene un grave problema con el yihadismo y cualquier solución posible se presenta a priori como ineficaz. Prueba de la dificultad de la solución es que los atentados se suceden en las grandes capitales europeas sin que nadie haya podido detenerlos hasta el momento. Resulta más complicado desbaratar sus planes que abatir a tiros a sus autores.

Mientras escribo estas líneas, células terroristas están diseñando nuevos ataques. No es una suposición, es una certeza. Hace poco vi en El Español un mapa con los ofensivas yihadistas en todo el mundo: 10.328 víctimas y 939 atentados, ¡solo en 2017! El hecho de que el 95 % de las víctimas sean musulmanas solo podría consolar a un sádico. El único consuelo sería rebajar la cifra a cero, algo que se antoja política-ficción.

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Una moción de censura de Champions

Una moción de censura de Champions
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Escribo estas líneas el martes por la mañana, mientras en el Congreso de los Diputados se escenifica la fallida moción de censura. Quien tenga mucho tiempo libre y no sepa qué hacer con su vida habrá podido seguirla en los medios, minuto a minuto, gol a gol, como si de un partido de fútbol se tratara. Ahora entra Irene Montero con tacones, ahora entra Pablo Iglesias con chaqueta (para celebrar que hoy es uno de los días más calurosos del año, supongo), Soraya toma notas, Rajoy se mira las uñas… No me invento nada: consulten si quieren la edición de El Mundo, que retransmite el evento, como digo, minuto a minuto.

Los periodistas se han echado a la calle para ofrecernos incluso algún vídeo de ciudadanos de a pie que quieren dar su opinión sobre la moción de marras, ese acontecimiento que sería un gran partido de la Champions si no fuera porque a Pablo Iglesias solo le apoyan Bildu, ERC y su novia, y además planea sobre su partido la división interna por culpa –entre otros asuntos– del referéndum catalán.

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Pedro Sánchez pasa a mejor vida

Pedro Sánchez pasa a mejor vida
Escritor francés Honoré de Balzac

Honoré de Balzac fue por etapas un escritor tremendamente pobre. Cuando un tío suyo se murió y le dejó todos sus bienes, el autor, en tono irónico, comunicó a sus amistades que su tío había pasado a mejor vida… y él también.

He recordado esta anécdota después de conocer la victoria de Pedro Sánchez en las primarias del PSOE. Pedro Sánchez, aupado por sus militantes, vuelve a dar el braguetazo al tiempo que envía a su partido, incapaz de desembarazarse de él, a mejor vida.

Sánchez-Balzac cuenta con otros quince minutos de gloria. El tema resultaría divertido si no fuera porque es un pésimo resultado para los designios del país. Ya dije en esta columna que los tres candidatos que aspiraban a la secretaría del PSOE eran flojos; pero Sánchez es, con diferencia, el más flojo de los tres.

El déjà vu está servido. Sánchez, al contrario de Balzac, no tiene una mente prodigiosa, es rencoroso y carece de programa y de ideas propias, como ha demostrado durante estos dos años de sectaria y banal oposición a Rajoy al tiempo que ha ido allanando el camino para que su partido pase a mejor vida.

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El PSOE y la ornitología

El PSOE y la ornitología

Parafraseando una cita de Ángel Olgoso, a veces tengo la sensación de que los políticos no entienden de política más de lo que las aves entienden de ornitología. No hay más que echarle un vistazo a la campaña que están haciendo los candidatos a la secretaría general del PSOE (o de lo que queda él). A Susana Díaz y a Pedro Sánchez no se les ha escuchado ningún argumentario sobre el que debería regirse el nuevo PSOE cuando termine la debacle de las primarias; más bien se han limitado al cruce de acusaciones y a esgrimir la banderola de honestidad y autenticidad de un partido que tiene más de un siglo de Historia y que ellos están a punto de tirar por la borda.

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Payasos asesinos

payasos asesinos, Hillary Clinton, Donald Trump

Cuesta creer que sean tan poco atractivos los dos candidatos que pretenden dirigir el país más importante del mundo. (Uno de ellos ya será presidente cuando se publique este artículo). Hillary Clinton está muy preparada políticamente hablando, pero transmite poco y mal, y Donald Trump transmite mucho –aversión, sobre todo–, pero está muy poco preparado. ¿No había candidatos con más carisma? ¿No había un Obama, aunque fuera blanco? ¿Un Kennedy musulmán? ¿Un George Washington mujer? ¿Este es todo el menú?

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El debate imposible

El debate imposible

 

Tengo familiares y amigos, a quienes quiero y aprecio, que son de izquierda o de derecha, ateos o católicos, del Real Madrid o del Barça, defensores del toreo o antitaurinos,  partidarios de la pena de muerte o contrarios a ella. Con todos he tratado siempre de debatir con argumentos sobre mil y un temas… Algo francamente difícil a veces: algunas personas –el etiquetaje es de Ortega y Gasset– no tienen ideas, tienen creencias, y en tal circunstancia hay poco que rascar. En cualquier caso, tras debatir con personas que no piensan como yo siempre he analizado a posteriori sus palabras con esa paz que no te concede el acalorado debate, intentando esclarecer si ellos tendrían  razones que a mí me faltaban.

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La solución para España

la solución de España
Aficionados del Real Madrid celebrando la undécima Champions. Fuente de la imagen

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Los aficionados al fútbol encontrarán antes o después algún motivo de alegría: unos porque son seguidores del equipo que gana la Champions, otros porque “van a Europa”, otros porque eluden el descenso y otros porque consiguen subir de categoría. Ver saltar de emoción a una turba de aficionados mientras celebran a sus dioses deportivos no es inusual. La alegría, insisto, convive con quien reserva un lugar en su corazoncito para el deporte rey.

Lo mismo ocurre con otros deportes donde ahora contamos con primeras espadas: el tenis, la natación, el baloncesto o incluso el bádminton. Quien asume como propias las hazañas ajenas cosechadas por compatriotas siempre tendrá algún triunfo que llevarse a la cama.

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