Adictos a las malas noticias

malas noticias

 

Ocurre con el colesterol como con las noticias: cuando son buenos nadie habla de ellos. Pero ya que la prensa no va a cambiar su ancestral modus operandi de primar las malas noticias sobre las buenas, he decidido buscar aspectos positivos en esas malas noticias. Por ejemplo: Donald Trump es un despropósito y un insulto a la inteligencia humana, pero cada vez cuenta con menos apoyos. Daesh es un arma de exterminio tan cruel como gratuita, pero está perdiendo fuelle. Un partido tan importante para la estabilidad del país como el PSOE lleva dos años haciéndose el harakiri, pero al menos ya le ha dado boleto a Pedro Sánchez, capaz de venderse al mejor postor por una poltrona que le quedaba muy grande. Y así sucesivamente.

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Cuando no pasa nada

Usain Bolt

El periodo de pactos para elegir (o reelegir) presidente del gobierno ha impedido que algunos periodistas de renombre –y muchos otros que no lo son tanto– se hayan visto obligados a aplazar sus vacaciones veraniegas. Es comprensible: deben estar los mejores profesionales en sus puestos de trabajo para contarnos… que no hay nada que contar.

Vivimos el día de la marmota, políticamente hablando. La gran noticia es que sigue sin haber noticias. Rajoy hace footing con su estilo mariposón, como cada año; Pedro Sánchez abunda en el “no es no”; Pablo Iglesias sigue esperando que Sánchez deshoje la margarita para promover un gobierno progresista; y Albert Rivera desestima posibilitar un gobierno de Rajoy los días pares, mientras que los impares urge al líder del PSOE para que tenga sentido de estado y se abstenga en la investidura.   

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