redactar bien, duende literario

Redactar bien es importante, pero no lo es todo

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Las habilidades innatas son cruciales para conseguir el éxito en cualquier profesión. A un futbolista de primer nivel se le pide virtudes como la técnica, la táctica, la fuerza, la velocidad, la visión de juego, etc. Unos nacen con ello, y otros han de redoblar sus esfuerzos para conseguirlo.

En la literatura también hay factores clave. Me centraré en dos: la habilidad a la hora de redactar y el “duende”. La habilidad de redacción se refiere a la elección acertada de palabras, ya que son el material con el que se construye la literatura. Quien redacta bien, por definición, ama el lenguaje, cuida la gramática y evita errores como la mala puntuación, las faltas de ortografía, las redundancias, las frases complicadas e inanes, los diálogos mal estructurados, las incoherencias y los adjetivos innecesarios.

Podríamos definir el “duende literario” como esa magia narrativa innata que no se puede comprar ni vender y que captura la atención del lector a través de la seducción. Un escritor con “duende” sabe cautivar al lector, motivarlo, emocionarlo, hacerlo reír o llorar, y ganarse su afecto hasta el punto de que el lector sienta que leer ese texto es lo más apasionante que puede hacer en ese momento. El “duende” es esa chispa que enamora a través de la escritura y que se encuentra en todas las disciplinas artísticas.

La presencia y el nivel de estas dos habilidades determinarán el éxito o fracaso de los textos. Aunque algunos destacan en ambas, es común encontrar desequilibrios. Por ejemplo, Ernest Hemingway dijo que su esposa periodista redactaba mejor que él, pero él era mejor escritor. Un escritor con “duende” pero con mala redacción siempre verá limitada su capacidad de seducción, ya que las palabras son esenciales en la literatura, y sin una buena redacción, por mucho “duende” que se tenga, la obra nunca alcanzará un gran valor artístico.

Entonces, ¿qué es más importante, la habilidad de redacción o el “duende”? Aunque ambas son importantes, si tuviera que elegir, optaría por el “duende”. Sin él, escribir es un proyecto difícil y con poco futuro. Es mejor tener el encanto de la escritura y una redacción mejorable, ya que siempre se puede recurrir a un corrector profesional para solucionar las deficiencias gramaticales. Al contrario, un buen redactor sin “duende” nunca logrará enamorar y se quedará a medio camino. La literatura es más que buena redacción, aunque esta última es esencial.

Algunos podrían pensar que con esfuerzo se puede mejorar en la seducción creativa. Pero la verdad es que el “duende” es caprichoso: se tiene o no se tiene. Hasta los catorce años, Leo Messi no dedicó más horas al fútbol que yo, pero la diferencia es que él tenía “duende” y yo solo afición. Por mucho que jugara, nunca logré hazañas como las suyas. Pero no hay que dramatizar: el fútbol no lo es todo. Siempre queda la escritura, aunque no interese a muchos.

Francisco Rodríguez Criado, escritor, redactor de contenidos y corrector literario

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