La realidad que supera a la ficción

Resulta que la Justicia italiana ha dictado sentencia en el caso de Mario Biondo, y para cerrarlo no ha hecho sino dejarlo más abierto que nunca al asegurar que el cámara fue asesinado por autores desconocidos que simularon su suicidio. ¡Oh là là!

El asunto tiene todos los ingredientes para acabar como serie de Netflix, si acaso no está ya en camino: guapa presentadora casada con guapo cámara de televisión, drogas y sexo, una posible doble vida, una esposa que da varias versiones sobre el día de la muerte, la familia de Biondo contra su viuda (a la que sutilmente acusa de organizar su asesinato…). Y la guinda del pastel mediático: la posibilidad de que lo que desde un primer momento se vendió como un suicidio sea –hasta la fecha– un asesinato perfecto.

La historia, tan dramática para los familiares y amigos de Mario Biondo, se deshumaniza cuando se convierte en carnaza amarillista. ¿Pero quién está libre de sentir el deseo de conocer la verdad de esta historia llena de recovecos, propia de un thriller superventas?

Los lectores de novela negra –y yo lo soy–, a la hora de alimentar nuestra curiosidad insana, nos sentimos tan interesados por la realidad como por la ficción. Si una historia truculenta bien narrada sobre el papel es capaz de convocar nuestra atención, ¿por qué no sentiríamos un estímulo similar cuando es la propia realidad, la escritora más dotada, quien la firma?

Los autores de novela negra y de thrillers reconocen que las tramas de sus narraciones tienen fuertes asideros en casos concretos de la vida real. La crónica de sucesos de cualquier periódico es, por tanto, una fuente inagotable de narraciones literarias. La tragedia bien escrita ha sido previamente bien leída.

La realidad no solo supera la ficción, sino que además la nutre. Todos somos, en resumidas cuentas, sufridos personajes de una novela de final incierto que no hemos escrito nosotros.

Francisco Rodríguez Criado, El Periódico de Extremadura, 3/8/2022

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