Rosa López Casero, las manos vacías

Las manos vacías (Rosa López Casero)

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Son varios los motivos que empujan a una persona a abandonar el lugar que la vio nacer para iniciar una nueva etapa en otra población. El amor, por ejemplo. Probar nuevas experiencias. El anhelo por un entorno que siente culturalmente más próximo. Por salud, incluso.

Abandonar la zona de confort por cualquiera de estos motivos puede estar más que justificado, pero ninguno de ellos ha generado tantas oleadas de emigración como, precisamente, no tener una zona de confort a la que aferrarse. Un éxodo que, en el caso de los extremeños, experimentó su nivel más elevado durante el periodo 1960-1975, cuando miles de ciudadanos, muchos de ellos jóvenes, abandonaron nuestros pueblos y ciudades para trabajar en zonas más desarrolladas como Madrid, Cataluña o el País Vasco, por no citar países receptores de mano de obra como Alemania, Francia o Suiza.

La novela que hoy presentamos, Las manos vacías (Editora Regional de Extremadura, 2023), narra la vida de una familia de Cauria, trasunto de Coria, Cáceres, donde vive la autora, Rosa López Casero. Una familia compuesta por un matrimonio y tres hijos pequeños que se marcha a Madrid no sabría decir si en busca de una vida mejor o si, simplemente, en busca de una vida, a secas. Y no lo hace al albur de las oleadas emigratorias de las que hablaba arriba, sino bastante antes, durante el verano de 1944, aprovechando una circunstancia personal: el pater familias, miembro de La Falange, había perdido un brazo luchando en la guerra civil en el bando nacional, y a modo de compensación el Estado le había ofrecido un puesto de trabajo en la portería de un inmueble de la capital.

“En Madrid vivirás como una reina”, le dijo la abuela a la madre de Argeme, nuestra protagonista narradora. “Aquí vivirás como una reina. Esto es mucho mejor que el pueblo”, repitió su marido en el momento de ocupar la vivienda que les correspondía. Pero lo que la familia encontró en su nuevo destino no fue un palacio ni un reinado, sino los restos de un país convaleciente que comenzaba a dar sus primeros pasos tras una guerra fratricida a la que seguiría una posguerra marcada por el odio, la falta de libertades y la hambruna. La cruda realidad es que el único patrimonio con el que contaban nuestros cinco personajes eran 80 reales y la incertidumbre al tener que adaptarse, sin apenas herramientas de las que echar mano, a un mundo para ellos desconocido y hostil.

España era en esa época, y quizá más que nunca, un friso de contrastes, como Las manos vacías se encarga de recordarnos. Un contraste entre pobres y ricos, entre el campo y la ciudad, entre nacionales y rojos (que viene a ser lo mismo que decir “entre vencedores y vencidos”), entre el varón y la mujer, entre las clases pudientes y la clase obrera, en este caso representada por esta familia sin recursos que regenta la portería.

Una de las grandes virtudes de esta novela es apostar por la sencillez de escritura y la concisión a la hora exponer cómo era la supervivencia para quienes, procedentes de una comunidad rural como Extremadura, tenían que abrirse camino en un Madrid donde la precariedad, el rencor y el clasismo estaban a la orden del día, todo ello desde el punto de vista de una niña que va perdiendo su infancia e ingenuidad a marchas forzadas.

Las manos vacías no es una novela histórica, pero sí intrahistórica, en la medida en que sus personajes principales acaban transmitiendo al lector cómo era esa España partida en dos que no sabía –o no quería– abrazar la reconciliación. Una España de estraperlo, cartillas de racionamiento y topos que vivían escondidos en el hogar familiar, y en la que la escolarización de los niños discapacitados era una tarea condenada al fracaso.

Rosa López Casero radiografía en estas páginas una nación enquistada en sus traumas, y pone el foco en la asimetría entre el hombre y la mujer en una sociedad machista en la que el varón hace y deshace a su gusto, minando los derechos de las mujeres, que quedan ancladas al ámbito del hogar, a veces sufriendo la violencia impune por parte del macho dominante.

Pero no es esta una novela maniquea, de buenos y malos, ni de unos contra otros, sino una novela humanista, sociológica, incluso de iniciación al amor, que da voz, tal como leemos en la página 267, a “una generación de las manos vacías, sin esperanzas, sin libertad, sin futuro, sin oportunidades ni alimentos que sacien nuestra hambre”.

Una novela meritoria que nos muestra una España de posguerra con las manos y el estómago vacíos a la que aún le faltaban décadas para comenzar a eliminar, poco a poco, las barreras que impedían la reconciliación nacional y la restauración de los derechos humanos.

Francisco Rodríguez Criado

Este texto de presentación de la novela Las manos vacías (Editora Regional de Extremadura, 2023), fue leído en la sede de El Hogar Extremeño, Madrid, el 24 de mayo de 2024

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  • López Casero, Rosa (Autor)
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