La privacidad regalada

Ha quedado demostrado por activa y por pasiva la potestad que tienen las redes sociales de destruir noviazgos, matrimonios y, como ocurre en el caso de Tamara Falcó, precipitar en horas lo que estaba condenado a ser un largo divorcio.

Resulta perverso que alguien se dedicara a grabar al novio, Íñigo Onieva, besando a una chica (que no era Tamara) en un concierto y difundir el vídeo después de que ella, feliz, publicitara a bombo y platillo que se había comprometido con él. Ahora bien, aun siendo cierto que no está en nuestras manos controlar la maldad ajena, no es menos cierto que al menos podemos abstenernos de darle armas al enemigo. Tamara no lo hizo: se expuso demasiado, como hace muchísima gente, lastrados por la insana costumbre de compartir con sus seguidores (a veces, cuando son famosos, millones de personas, es decir, millones de desconocidos) dónde están y con quién, cómo se sienten, adónde van a ir y, lo que es peor, cuándo y dónde se van a casar. La supuesta obsesión por defender la intimidad, que ha cristalizado en la ley de privacidad de datos, se queda en nada ante otra obsesión incorregible: la de contarle al ancho mundo aquello que debería ser estrictamente privado.

El matiz rosa de casos como el de Tamara Falcó me interesa poco, pero sociológicamente no salgo de mi asombro al corroborar, día a día, la pulsión del ser humano por desprenderse de su intimidad, uno de los pilares del bienestar, para vendérsela –o regalársela– a tantos desconocidos que operan desde la sombra.

Elegir un mal compañero sentimental, además de indiscreto (Onieva es ambas cosas), supone un error, pero más grave aún es que sea gente ociosa y malintencionada la que arroje tu relación a los pies de los caballos.

Crear una amplia comunidad a quien narrarle tu día a día al detalle para conseguir Likes tiene estas cosas: tus seguidores pueden “recompensarte” destruyendo tu vida.

Francisco Rodríguez Criado

Artículo publicado en El Periódico de Extremadura, 28/9/2022

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Fran Rodríguez Criado

La privacidad regalada, artículo, Rodríguez Criado

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