Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmail

Días atrás fallecía mi madre en Cáceres justo cuando mi hijo Francisco ingresaba en un hospital de Madrid a causa de una neumonía. A partir de aquí se sucedió, como en una cascada, un aluvión de acontecimientos negativos que omito para no hacer largo el relato. Deduzco que, de igual forma que el dinero llama al dinero, la adversidad llama a la adversidad, algo que ya experimenté durante el complicado nacimiento de Francisco.

Pero no voy a dedicar este artículo a la mala suerte, esa impía acosadora, sino al vacío que se experimenta cuando uno pierde a sus padres. Al darme el pésame, un amigo escritor me explicó –muy en la línea del realismo que destila en sus novelas– que ya hemos entrado en la edad de quedarnos huérfanos.

“Huérfanos”… Qué terrible palabra. El caso es que, en un pensamiento optimista inusual en mí, prefiero no sentirme huérfano, sino afortunado de haber tenido unos padres que tanto han querido a sus hijos (y a quienes tanto hemos querido) y que han disfrutado de una vida larga y feliz, si bien sus últimos años no fueron nada gratos.  

A partir de aquí lo que me quedan son un montón de recuerdos de mis padres con los que me citaré –lo vengo haciendo desde hace mucho– a diario.

De mi madre, la última en abandonarnos, diré que fue todo un ejemplo de entrega y pundonor. Mujer trabajadora, sensible y abnegada, siempre a nuestro lado, se preocupaba más del bienestar de la familia que del suyo.

Ahí están esas estampas, para mí oro puro, de cuando cosía rodilleras a mis castigados pantalones, cuando me acompañaba para comprar zapatillas en las zapaterías de Pintores o cuando se lanzaba a cantar con su hermosa voz alguna canción de artistas de la época. Reposada y bondadosa, ni siquiera criar a un hijo tan díscolo como yo la sacaba de sus casillas, aun teniendo motivos para ello.

Ya tenemos edad para quedarnos huérfanos, cierto. Y también para reconocer una deuda impagable con esos padres que lo dieron todo para hacernos más amable esta vida que una y otra vez nos pone contra las cuerdas.

Francisco Rodríguez Criado. El Periódico de Extremadura, 24/1/2024

Imagen destacada: Tilixia (Pixabay)

La revolución del LSD

Vivir en un iceberg

Libro recomendado

Rebajas
Escritores españoles suicidas (ECU)
  • Mansilla Izquierdo, Fernando (Autor)
Facebooktwitterlinkedininstagramflickrfoursquaremail
Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmail

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *