El cuento como desarrollo de una idea común

Ilustración de Fernando Vicente

La primera orientación que podría darle a una persona que pretende iniciarse en la escritura de historias breves (y también al autor experimentado que no tiene problemas en escuchar estas humildes reflexiones) es que muchos cuentos funcionan como el desarrollo lógico de una idea (a menudo bastante común).

Para profundizar un poco en la materia, he elegido -aprovechando su brevedad- cuatro microrrelatos, que comento uno a uno.

Espero que estas observaciones os resulten útiles.

 

El cuento como desarrollo de una idea común

Francisco Rodríguez Criado

A continuación os ofrezco una muestra de microrrelatos donde nada falta y nada sobra. He elegido cuatro pero podría haber elegido cien. Todos ellos son el desarrollo creativo de una idea. Inventan una historia desde cero, sí, pero lo hacen a partir de una idea subyacente (bastante común, diría yo) que constituye la razón de ser del cuento. Lo que hacen sus autores en escasas líneas es dejar que los personajes (o mejor dicho: el personaje, pues en estos cuentos solo hay uno), con sus acciones (o con su ausencia de acciones), ejemplifiquen esa idea.

Vamos con ellos.

 

EL MIEDO

Eduardo Galeano

Una mañana nos regalaron un conejo de indias.

Llegó a casa enjaulado. Al mediodía le abrí la puerta de la jaula.

Volví a casa al anochecer y lo encontré tal como lo había dejado: jaula adentro, pegado a los barrotes, temblando del susto de la libertad.

[48 palabras]

Comentarios: Eduardo Galeano reflexiona en esta microficción sobre el miedo a la libertad del ser humano. Posiblemente Galeano conociera el célebre ensayo del psiconalista Erich Fromm El miedo a la libertad, donde este pensador diserta sobre la conducta de quienes, temerosos ante la obligación de elegir sobre sus propias vidas, prescinden de su derecho a la libertad y prefieren que sean otros los que decidan por ellos. Galeano desarrolla esa idea, en cuarenta y ocho palabras. No está mal, ¿verdad?

Consejo: intentad leer en profundidad. Esta no es simplemente la historia de un conejo… Es mucho más.

EL ENGAÑO

Marcial Fernández

La conoció en un bar y en el hotel le arrancó la blusa provocativa, la falda entallada, los zapatos de tacón alto, las medias de seda, los ligueros, las pulseras y los collares, el corsé, el maquillaje, y al quitarle los lentes negros se quedó completamente solo.

[48 plabras]

Comentarios: En “El engaño”, Marcial Fernández escenifica, también en cuarenta y ocho palabras, la banalidad, la superficialidad de muchas personas que son mera fachada. (El personaje es una mujer, pero esta actitud ante la vida no entiende de sexos). Se podría escribir un artículo de opinión, o incluso un ensayo, sobre este tema, pero nosotros somos narradores, ¿verdad? Tened presente que las palabras “banalidad”, “superficialidad”, “mera fachada”, etcétera, no están incluidas en el texto. A decir verdad, en el cuento no hay ningún tipo de discurso, solo una ficción ultrabreve, sutil, muy sutil. Pero el buen lector sabe llegar al fondo de la historia, al mensaje (si lo queremos entender así). Todo eso está en el fondo del relato. (Recordad la teoría del relato iceberg: las nueve décimas partes del bloque están bajo agua. La lección sería esta: es mejor sugerir que contarlo todo. Es más elegante, más literario).

UNA VIDA

Adolfo Bioy Casares

La cocinera dijo que no se casó porque no tuvo tiempo. Cuando era joven trabajaba con una familia que le permitía salir dos horas cada quince días. Esas dos horas las empleaba en ir en el tranvía 38, hasta la casa de unos parientes, a ver si habían llegado cartas desde España, y volver en el tranvía 38.

[60 palabras]

Comentarios: En “Una vida”, de Bioy Casares, llegamos a la conclusión de que el personaje, una cocinera, apenas tuvo eso: vida. ¿Cuál sería la idea que subyace en este relato? Posiblemente esta: un puesto de trabajo absorbente implica poco menos que no vivir. Y, afinando aún más, podríamos pensar que el relato de Casares reflexiona sobre el sentido de nuestras existencias, pues todos (o casi todos) hemos compartido en algún momento las circunstancias alienantes del personaje.

EL DRAMA DEL DESENCANTADO

Gabriel García Márquez

…el drama del desencantado que se arrojó a la calle desde el décimo piso, y a medida que caía iba viendo a través de las ventanas la intimidad de sus vecinos, las pequeñas tragedias domésticas, los amores furtivos, los breves instantes de felicidad, cuyas noticias no habían llegado nunca hasta la escalera común, de modo que en el instante de reventarse contra el pavimento de la calle había cambiado por completo su concepción del mundo, y había llegado a la conclusión de que aquella vida que abandonaba para siempre por la puerta falsa valía la pena de ser vivida.

[103 palabras]

Comentarios: en “El drama del desencantado”, García Márquez nos conduce hacia el vértigo y nos muestra a un personaje que en pleno descenso reconoce –y esta podría ser la idea básica– que la vida no es tan mala a fin de cuentas, y que pese a todo merece la pena vivirla.

En un hallazgo literario, García Márquez nos introduce en la acción a partir de tres puntos suspensivos. Parece como si llegáramos tarde al relato, como si nos hubiéramos perdido las frases iniciales. ¿Por qué arranca así su texto, de manera tan precipitada? Lo hace –en mi opinión– para aportar velocidad a su narración y ponernos a las alturas –nunca mejor dicho– del contexto, justo cuando el personaje, en un intento de suicidio, cae al vacío.

A modo de apéndice, deberíamos tener en cuenta:

– Los cuatro relatos han sido concebidos desde la economía del lenguaje: usan las palabras imprescindibles, ni una más, ni una menos. Me he tomado la molestia de contarlas en cada microrrelato; así podemos apreciar que para escribir una historia con acierto no es necesario gastar demasiada tinta. (Una aclaración: los títulos de las minificciones son muy importantes. En no pocas ocasiones sirven para orientar –o incluso despistar– sobre el contenido del cuento. Por eso es recomendable, al contrario que hacen algunos lectores y críticos, incluirlos en el recuento de palabras).

Estos cuentos operan por sustracción, no por acumulación (en una novela ocurre todo lo contrario). Apenas sabemos nada de los personajes (no sabemos cómo son físicamente, y tampoco sabemos gran cosa sobre su carácter). Están dibujados con pinceladas, no en profundidad. Eso es porque a) tan pocas palabras no permiten mayor desarrollo y b) porque, como vengo diciendo desde el inicio, son funcionales: su objetivo es ejemplificar un pensamiento, una idea, una reflexión sobre la vida.

–En estos cuatro casos las historias están articuladas en torno a un personaje único.

La estructura es monológica. Solo se escucha la voz del narrador, pero en ningún momento “escuchamos” a los personajes.

No hay espacio para los prolegómenos. Las historias llegan al lector a bocajarro.

–Pese a la escasez de palabras, estas cuatro historias funcionan muy bien porque provocan cierto estremecimiento en la conciencia del lector. Nos hacen reflexionar, nos adentran en el mundo literario de sus creadores.

Ánimo: para escribir microficciones no es necesario –como se quejan algunos– tener tiempo. Lo que hay que tener es puntería.

Una tarea podría ser esta:

Escribe un microrrelato que mantenga cierta similitud con los aquí leídos (en cuanto al proceso de creación). Este sería el método: elige un pensamiento y luego pon a tus personajes (o a uno solo, si lo prefieres) a trabajar. Y ¿sobre qué podrías escribir? Se me ocurren cientos de ideas comunes: el poder envilece a los hombres; más que trabajar para vivir, vivimos para trabajar; no merece la pena traicionar tus ideales (o sí…); el pez grande siempre se come al pez chico; el hombre es un lobo para el hombre; la avaricia rompe el saco; el dinero no da la felicidad; etcétera. (Echad mano de los refranes: ahí tenéis mucho material). Lo que tiene que ser brillante no es la idea subyacente, sino el desarrollo literario de esa idea.

Consejo: no le expliquéis al lector cuál es la idea que alimenta vuestros textos. El buen lector lo entenderá sin demasiadas explicaciones. Tampoco es necesario que concentréis demasiado la historia. Estos cuatro relatos son brevísimos, pero si lo necesitáis podéis extenderos más. Buscad un registro en el que os sintáis a gusto. Recordad: estáis escribiendo una ficción (en la superficie) al mismo tiempo que estáis reflexionando (en el fondo) sobre la vida.


Este post fue publicado primero en Narrativa Breve.

Francisco Rodríguez Criado es escritor, corrector de estilo y profesor de talleres literarios.

(Libros de Francisco Rodríguez Criado)

 

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