Profesiones de futuro

profesiones de futuro

 

Algunas profesiones están condenadas al ostracismo, cuando no a desaparecer. Es el caso de los serenos, los afiladores de cuchillos callejeros, los músicos con cabra y escalera o los acomodadores de cine, a quienes no he vuelto a ver desde hace décadas. Tampoco pinta bien la cosa para los artesanos que trabajan con sus manos el barro, la pizarra o la hojalata, sobre los cuales ya escribí un libro. Desaparecerán, si no lo han hecho ya, los profesores de latín y griego, y también los de la hoy denostada filosofía. Pero los más avispados podrán sobrevivir dando clases de masturbación, impartiendo talleres de constelaciones familiares o adivinando nuestro aciago futuro en los posos del café. Renovarse o morir, esa es la clave.

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Descansar de la familia

descansar de la familia

Tras las vacaciones de verano las consultas de los psicólogos y abogados reciben más clientes que nunca: los psicólogos para tratar de aplacar el estrés sufrido por la pareja durante el impasse y los abogados, para tramitarles el divorcio.

Las vacaciones organizadas para descanso de la tribu familiar son agotadoras y causan más inconvenientes que beneficios. Lógico: el tiempo que antes dedicaba uno en santa paz a trabajar en la oficina o a reforestar bosques tiene que emplearlo ahora en cohabitar con los seres queridos, y ya se sabe que la confianza da asco. 

Vacacionar es duro y, además, dañino, porque demasiada vida en familia puede acabar destrozando lo que más quieres: la propia familia. Lo ideal sería escalonar las vacaciones: mandar a los niños al campamento en julio y dividir el mes de agosto en dos: una quincena para el marido y otra para la esposa. No es cuestión de descansar a secas, ni descansar con la familia, el objetivo es descansar de la familia. Ella podría tomarse unos días de meditación en el Tíbet y él marcharse a recoger cangrejos gigantes a Tahití (o viceversa) mientras los más pequeños se quedan en casa tras el campamento, libres de sus padres, haciendo lo que no pueden hacer el resto del año: respirar tranquilos.

No es de extrañar que algunos padres se carguen de trabajo, excusa social con la que más de uno sortea el estrés familiar. Más paradójico es el caso de esos padres conservadores que rehúyen de su progenie y a quienes solo se les ve con ella en las manifestaciones profamilia.

La familia es una ONG y un depredador al mismo tiempo: te lo da todo, pero también te roba hasta la última de tus energías. Un periodo vacacional en soledad podría ser la fórmula para hundirles el negocio septembrino a abogados y psicólogos, y de paso restituir la armonía en el hogar. Para amar, como para todo, hay que estar descansado.

Francisco Rodríguez Criado, El Periódico Extremadura, 29-7-2016

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Francisco Rodríguez Criado es escritor y corrector de estilo y trabaja como redactor de contenidos para publicaciones de diversa temática. Su blog Narrativa Breve es uno de los espacios literarios más leídos en lengua castellana. El diario Down, testimonio literario sobre la paternidad y el síndrome de Down, es su último libro. (Web) (Facebook).


Los lugares más peligrosos

 montaña sagrada de Hua-Shan en China
Montaña sagrada de Hua-Shan en China

 

Cada cierto tiempo leo en la prensa reportajes sobre lugares que son considerados los más peligrosos del mundo. Estos pueden cambiar a gusto del redactor, pero todos coinciden en algo: ninguna persona racional celebraría en ellos su fiesta de cumpleaños con la abuela y los niños. Cuevas de más de un kilómetro de profundidad que se anegan cuando llueve, piscinas naturales bajo grandes cascadas, montañas que resultan letales para alpinistas intrépidos, inestables puentes colgantes, playas frecuentadas por tiburones, volcanes con la insidiosa costumbre de entrar en erupción…

Las imágenes sobrecogen, pero desde la pantalla de mi ordenador el peligro que entrañan se percibe como relativo. No todos tenemos la pretensión de emular a Indiana Jones o a James Bond ni disponemos de energías ni fondos suficientes para recorrer miles de km en busca de una peripecia extrema que contar a los amigos –cuando esta no se convierte en mortal. Lo que debería asustarnos no son estas postales alternativas que representan escenas improbables en sitios a los que quizá no iremos nunca, sino amenazas más mundanas. Es lógico pensar que el lector de este artículo no termine sus días camino de la montaña sagrada de Hual-Shan, en China, sino en un accidente de tráfico, víctima de un cáncer o simplemente presa del aburrimiento.

La violencia de género se cobra cada año decenas de vidas de mujeres en lugares a priori nada peligrosos como la cocina del hogar o la peluquería. En estos días cuatro chicas han sido violadas en las fiestas de San Fermín. Imagino la prevención de estas mujeres ante la desbandada del toro de turno, ignorantes de que el mayor peligro no lo entrañan las astas de un cuadrúpedo, sino un desalmado de dos patas dispuesto a demostrar, una vez más, que la violencia más insoportable no habita en una cascada o en un volcán, sino en ese rústico primate que llevamos dentro.


(Artículo publicado en El Periódico Extremadura el miércoles, 13 de julio de 2016).

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Libros de Francisco Rodríguez Criado

La seguridad en Facebook

Facebook, seguridad, Francisco Rodríguez Criado

 

Por malsana curiosidad social me entretengo viendo álbumes fotográficos personales en Facebook. El catálogo más exitoso del verano es, una vez más, el de Felicidad en Grupo. En la playa, en el campo, en una terraza, a los pies de la Torre Eiffel o tumbados en el parque del Retiro, las imágenes más ofertadas son las de los usuarios rodeados de gente, exhibiendo su felicidad ante el ancho mundo. Nada que objetar, aunque a mí me daría cierto pudor: creo que la felicidad, como la colada, no debe tenderse a la vista de todos.

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El debate imposible

El debate imposible

 

Tengo familiares y amigos, a quienes quiero y aprecio, que son de izquierda o de derecha, ateos o católicos, del Real Madrid o del Barça, defensores del toreo o antitaurinos,  partidarios de la pena de muerte o contrarios a ella. Con todos he tratado siempre de debatir con argumentos sobre mil y un temas… Algo francamente difícil a veces: algunas personas –el etiquetaje es de Ortega y Gasset– no tienen ideas, tienen creencias, y en tal circunstancia hay poco que rascar. En cualquier caso, tras debatir con personas que no piensan como yo siempre he analizado a posteriori sus palabras con esa paz que no te concede el acalorado debate, intentando esclarecer si ellos tendrían  razones que a mí me faltaban.

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El voto útil

Albert Rivera, el voto útil

Vaticiné el descalabro de UPyD cuando Rosa Díez no solo se negó a coaligarse con Ciudadanos sino que publicó un documento articulado en cuarenta puntos en los que retrataba al partido de Rivera como causa de todos los males. Llamé a aquel artículo “La inteligencia fracasada” en alusión a un ensayo de José Antonio Marina que analiza el caso de personas a priori inteligentes que tienen tendencia a tomar decisiones estúpidas.

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Obesos del siglo XXI

obesos
Juan Manuel Heredia.

“Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella, no me salvo yo”. He recordado este aforismo de Ortega y Gasset al leer que Juan Manuel Heredia, el hombre más obeso de España, se ha sometido a una operación que le va a hacer perder 200 kilos en los próximos meses. Los doctores que le han colocado un baipás gástrico dicen que cuando pierda esos kilos no se va a reconocer. Y tanto: la circunstancia de este joven va a ser tan diferente de la actual, que su yo va a quedar irreconocible cuando lo someta al dictamen del severo espejo.

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Vida laboral

Gerard Depardieu, vida laboral

Deberían contratarme para dar conferencias. El tema podría ser “Triunfa en tu profesión”, o algo así. Bastaría leer mi currículum vítae para que los aspirantes a un buen trabajo se hicieran una idea de lo que no se debe hacer.

Una vez solicité a la Seguridad Social el Informe de mi Vida Laboral y en vez de un impreso me entregaron los Rollos del Mar Muerto. Nos ha costado un mes clasificarlo, pero creo que no falta nada, resopló el oficinista de turno sobreponiéndose al polvo de los pergaminos.

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La maleta de Garci

José Luis Garci

Garci se va de la tele. Se ha ido ya, quiero decir. Fue grande mientras duró, y duró casi una década. Ha hecho la maleta y ha metido en ella la cámara, la claqueta, la silla del director, los actores, los decorados… Ha hecho la maleta y ha metido en ella al Cine. Un cine total que abría las puertas a sus incondicionales en TVE cada noche del lunes. O del martes. O del lunes nuevamente. En La 2 teníamos los documentales de animales, y teníamos a Garci, ese señor de voz gutural que fuma en estos tiempos en que fumar es pecado y habla de Ford o Hitchcock con pasmosa familiaridad, como si en sus años mozos hubiera compartido con ellos un piso de estudiantes en Chueca. Por su plató, ante la mirada crítica de Marías o Torres–Dulce, ha pasado la estrella de sheriff de Burt Lancaster, el taxi de Robert de Niro o la mirada abrasiva de Ingrid Bergman. Yo me he enamorado varias veces viendo a Garci. No de él, claro, sino de Marilyn Monroe, Jean Simmons o Ava Gardner. Confieso que en mis horas bajas incluso he llegado a enamorarme del caballo de John Wayne. Eran noches de amor y tiros, de pasión y misterio, noches para el western o el musical. Eran noches intempestivas en las que uno soñaba con estar despierto.

El cine de Garci era un cine grande y, al parecer, rentable. Fuentes de la cadena pública dicen que Garci se va “de mutuo acuerdo”, eufemismo que viene a decir que no llegaron a ningún acuerdo.

Garci se va. Se ha ido ya, quiero decir. Y nos ha dejado de postre Fresas salvajes y la sensación de que, con él, el cine una vez fue grande en La 2.


(Artículo publicado en El Periódico Extremadura el miércoles, 27 de diciembre de 2005).

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Libros de Francisco Rodríguez Criado

La infancia

 

Francisco Rodríguez Criado, Paul Newman, La infancia
Fotograma de El buscavidas

Cuando pienso en mi infancia me viene a la mente la sala de billares de Obispo Segura Sáez (donde ahora está Artelux), ese templo del ocio al que los chicos del barrio, en un ejercicio de economía del lenguaje, solíamos nombrar “los billares”, a secas. Me inicié en el juego de las carambolas a los siete años, siempre invitado por un amigo que acostumbraba a sangrar la caja del bar de su padre. Aquellos billares llegaron a ser mi segundo hogar. Mi madre solía enviar a mi hermana para preguntarme si iba a dormir en casa. “Dile que no, que hoy he traído el pijama”. Mi padre, que tenía la pescadería casi enfrente de los billares, echaba una mirada de vez en cuando por si me “cazaba” subiendo aquellas cuatro escaleras; para burlar su vigilancia yo daba un pequeño rodeo, arrastrándome subrepticiamente como un ninja por la acera, la de la antigua cafetería Acuario. Algunas tardes me iba a jugar a las canicas a la Plaza de Italia, donde vivían mis abuelos. Otro paraíso… Ya ven: el juego y la calle nos condenaron a mis amigos y a mí a una infancia feliz. Enfrascados en las batallas de Mazinger Z, términos como “declaración de la Renta” o “hernia discal”, ay, no tenían entrada en nuestro diccionario. Gabi, Fofó y Miliki sí que eran grandes payasos de la tele, no como los de los reality show de ahora. La cita de Shakespeare “Todo el mundo es un escenario” describía perfectamente nuestras existencias. Bendita memoria…

Ahora recuerdo todo aquello con nostalgia. Y con la sensación purificadora y frustrante al mismo tiempo de saber que una vez fui niño.


(Artículo publicado en El Periódico Extremadura el miércoles, 14 de diciembre de 2005).

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