La privacidad regalada

La privacidad regalada, artículo, Rodríguez Criado

Ha quedado demostrado por activa y por pasiva la potestad que tienen las redes sociales de destruir noviazgos, matrimonios y, como ocurre en el caso de Tamara Falcó, precipitar en horas lo que estaba condenado a ser un largo divorcio.

Resulta perverso que alguien se dedicara a grabar al novio, Íñigo Onieva, besando a una chica (que no era Tamara) en un concierto y difundir el vídeo después de que ella, feliz, publicitara a bombo y platillo que se había comprometido con él. Ahora bien, aun siendo cierto que no está en nuestras manos controlar la maldad ajena, no es menos cierto que al menos podemos abstenernos de darle armas al enemigo. Tamara no lo hizo: se expuso demasiado, como hace muchísima gente, lastrados por la insana costumbre de compartir con sus seguidores (a veces, cuando son famosos, millones de personas, es decir, millones de desconocidos) dónde están y con quién, cómo se sienten, adónde van a ir y, lo que es peor, cuándo y dónde se van a casar. La supuesta obsesión por defender la intimidad, que ha cristalizado en la ley de privacidad de datos, se queda en nada ante otra obsesión incorregible: la de contarle al ancho mundo aquello que debería ser estrictamente privado.

El matiz rosa de casos como el de Tamara Falcó me interesa poco, pero sociológicamente no salgo de mi asombro al corroborar, día a día, la pulsión del ser humano por desprenderse de su intimidad, uno de los pilares del bienestar, para vendérsela –o regalársela– a tantos desconocidos que operan desde la sombra.

Elegir un mal compañero sentimental, además de indiscreto (Onieva es ambas cosas), supone un error, pero más grave aún es que sea gente ociosa y malintencionada la que arroje tu relación a los pies de los caballos.

Crear una amplia comunidad a quien narrarle tu día a día al detalle para conseguir Likes tiene estas cosas: tus seguidores pueden “recompensarte” destruyendo tu vida.

Francisco Rodríguez Criado

Artículo publicado en El Periódico de Extremadura, 28/9/2022

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Fran Rodríguez Criado

La privacidad regalada, artículo, Rodríguez Criado

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El mejor de los mundos posibles

el mejor de los mundos posibles, Leibniz

He visto en YouTube un vídeo en el que el periodista Fernando Díaz Villanueva entrevista al escritor y viajero Fabián Barrio mientras pasean por las calles de Zaragoza. La primera de las preguntas, “¿Por qué diste la vuelta al mundo?”, le sirve a Barrio para desarrollar un largo discurso sobre el viaje en motocicleta al que dedicó dos meses. El mensaje final parece ser este: “La gente es buena y hospitalaria en todas partes”. Según él, creemos lo contrario porque los medios de comunicación se centran en las noticias negativas que nos ofrecen una mala imagen (distorsionada) de la condición humana.

Yo mismo he coqueteado en numerosas ocasiones con esa idea, tan gratificante, tan necesaria, de que vivimos en el mejor de los mundos posibles, a la manera de Leibniz, y que los ciudadanos, de naturaleza pacífica, solo aspiramos a prosperar razonablemente sin hacer daño al prójimo. Pero, al mismo tiempo que me dejaba masajear por esos planteamientos tan buenistas, tenía la certeza de que alguien, muchas personas en realidad, en ese mismo instante estarían robando, violando, asesinando o incluso planeando una guerra que iba a dejar miles de vidas y mucha destrucción a su paso.

Al fin y al cabo, aunque los medios se centren en las noticias negativas, esas noticias no son inventos: los hechos están ahí.

Y así las cosas, no avanzo en la resolución de esta duda metafísica: ¿Es el hombre un lobo para el hombre, como aseguraba Hobbes? ¿Debo quedarme con el esmero con el que los profesores cuidan a los alumnos discapacitados o bien con la guerra de Ucrania, donde un país está siendo asolado por el capricho del zar Putin? ¿Debo quedarme con la defensa de los derechos humanos o con la certeza de que en numerosos países estos derechos no existen?

Empiezo a pensar que debemos cohabitar con la paradoja, y que el hombre es un lobo para el hombre en el mejor de los mundos posibles.

Francisco Rodríguez Criado, «El mejor de los mundos posibles», El Periódico de Extremadura, 24/8/2022

Francisco Rodríguez Criado, escritor, corrector de estilo, profesor de talleres literarios y creador del blog Narrativa Breve. Ha publicado novelas, libros de relatos, obras de teatro y ensayos novelados. Sus minificciones han sido incluidas en algunas de las mejores antologías de relatos y microrrelatos españolas: El cuarto género narrativo. Antología del microrrelato español (1906-2011). Ed. Irene Andrés-Suárez (Cátedra, Madrid, 2012),Velas al viento. Ed. Fernando Valls (Los cuadernos del vigía, Granada, 2010), La quinta dimensión (Universidad de Extremadura, Mérida, 2009), Soplando vidrio y otros estudios sobre el microrrelato español. Ed. Fernando Valls (Páginas de Espuma, Madrid, 2008), Histerias breves (El problema de Yorick, Albacete, 2006), Relatos relámpago (ERE, Mérida, 2006), etcétera. Es autor de El Diario Down, donde narra en primera persona sus experiencias como padre de un bebé con el Síndrome de Down. Los zapatos de Knut Hamsun (De la Luna Libros, 2018) y Hombres, hombrinos, macacos y macaquinos (2020) son sus últimos libro de relatos.

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La felicidad de ‘Grease’

Envidia de Walden

Walden, Henry David Thoreau, Francisco Rodríguez Criado

A veces me planteo si merecería la pena apartarme de la civilización, hacer un Walden a lo Henry David Thoreau y huir a bosques recónditos para vivir en plenitud en la naturaleza, ajeno a tantos males que al parecer están a la vuelta de la esquina.

Tal vez así me libraría de las contracturas, los pensamientos circulares, las urgencias, de la necesidad de ir corriendo a todas partes. Podría cultivar un huertecito, dar largos paseos, tomar el sol, bañarme desnudo en aguas gélidas y asearme con jabón fabricado con mis propias manos.

Pero si abandonara la civilización para mudarme a una cabaña, no duraría una décima parte de lo que Henry David Thoreau estuvo apartado del mundanal ruido: dos años, dos meses y dos días. Qué tonterías: yo sobreviviría un par de días, tras los cuales pediría auxilio a la guardia civil con mi teléfono móvil 5G.

Aunque asumo que soy un urbanita convencido, no logro dejar a un lado la idea de que mi actual ritmo de vida (trabajo, contabilidad, crianza de los hijos, desplazamientos obligados en coche, escasez de tiempo para el ocio) no es bueno para la salud.

Los debates sobre el mundo rural versus la urbe son recurrentes, y una gran mayoría llega a la conclusión de que es más sano el campo, si bien paradójicamente –o no tanto– a esa mayoría no hay quien la saque de la ciudad, a no ser para dar un paseo furtivo por el campo para recoger espárragos.

Escribo estas líneas volanderas en un lugar de descanso, respirando aire puro, cerca del mar. Y, sin embargo, no consigo desconectarme de las mismas tareas y preocupaciones que me lastran cuando vivo en la gran ciudad. De hecho, lo primero que hago al despertar es consultar en el móvil cómo va todo: el fallido tren rápido de Extremadura, la crisis energética, la guerra en Ucrania, los nuevos casos de violencia…

Las vacaciones son para mí la misma batalla de siempre en un escenario  diferente.

Francisco Rodríguez Criado, escritor y corrector de textos

Walden (en edición de Errata Naturae). Consultar en Amazon

La privacidad regalada, artículo, Rodríguez Criado

La privacidad regalada

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Procesos kafkianos

procesos kafkianos

Estoy viviendo un contencioso administrativo con el Ayuntamiento de Madrid, que me reclama el pago del impuesto de matriculación de mi coche, pese a que pagué a tiempo la cantidad que me solicitan.

Tras presentar una reclamación escrita en una oficina del Ayuntamiento, con el consabido justificante bancario de pago por la cantidad exacta que me reclamaban –la señora que me atendió me dijo que yo tenía razón–, he recibido una carta certificada, una plantilla con una jerigonza incomprensible de la que, después de mucho investigar, he sobreentendido que me piden que pague lo que ya aboné en su día, además, cómo no, de un incremento a modo de multa. Si dejo pasar el asunto, el Ayuntamiento de Madrid, me aseguran en la notificación, acabará por embargarme el coche. Y la vida si hiciera falta, añado yo.

En este proceso kafkiano soy el claro perdedor. Incluso aunque al final acaben reconociendo su equivocación, ¿quién va a compensar los inconvenientes emocionales que me ha causado este conflicto que no he iniciado yo?, ¿quién me devolverá el tiempo perdido?, ¿quién me despenalizará el ánimo?

Al parecer no soy único en la travesía del desierto de la indefensión ciudadana. Varias personas a quienes se lo he contado me han narrado su propia historia de terror administrativo, sea con ayuntamientos, comunidades, Hacienda, el banco, etc.

Lo más sorprendente de todo es que mientras el ciudadano ha de ser ejemplar para no evitarse problemas con las autoridades –en mi caso, ni aun así–, auténticos corruptos campan a sus anchas, léase Luis Rubiales, presidente de la RFEF, al que no hay manera de cesar del cargo, pese a que desayunemos cada día con una de sus fechorías, propias de la mafia.

Así las cosas, el ciudadano acaba por sentirse tan impotente como Josef K., el personaje de la novela El proceso, que fue arrestado por una razón desconocida.

De Kafka acá no hemos mejorado nada.

Francisco Rodríguez Criado, El Periódico de Extremadura, 6/7/2022

Escritores que no leen


Francisco Rodríguez Criado, escritor, corrector de estilo, profesor de talleres literarios y creador del blog Narrativa Breve. Ha publicado novelas, libros de relatos, obras de teatro y ensayos novelados. Sus minificciones han sido incluidas en algunas de las mejores antologías de relatos y microrrelatos españolas: El cuarto género narrativo. Antología del microrrelato español (1906-2011). Ed. Irene Andrés-Suárez (Cátedra, Madrid, 2012),Velas al viento. Ed. Fernando Valls (Los cuadernos del vigía, Granada, 2010), La quinta dimensión (Universidad de Extremadura, Mérida, 2009), Soplando vidrio y otros estudios sobre el microrrelato español. Ed. Fernando Valls (Páginas de Espuma, Madrid, 2008), Histerias breves (El problema de Yorick, Albacete, 2006), Relatos relámpago (ERE, Mérida, 2006), etcétera. Es autor de El Diario Down, donde narra en primera persona sus experiencias como padre de un bebé con el Síndrome de Down. Los zapatos de Knut Hamsun (De la Luna Libros, 2018) y Hombres, hombrinos, macacos y macaquinos (2020) son sus últimos libro de relatos.


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El lugar de los libros (en el examen de EBAU)

El lugar de los libros, EBAU

Mi artículo, «El lugar de los libros», publicado en El Periódico Extremadura el 19 de febrero del presente año , «salió» en la última convocatoria (junio de 2020) del examen de Lengua de la Evaluación de Bachillerato de Acceso a la Universidad (EBAU). Vaya, lo que se conoce como «la selectividad».

Como no había publicado el texto aquí, aprovecho para recordarlo.

EL LUGAR DE LOS LIBROS

Mientras reordenamos la casa he recordado a Marie Kondo, la mujer que se ha hecho millonaria vendiendo libros sobre cómo organizar nuestras vidas con consejos como, por ejemplo, el de reducir a treinta los libros en el hogar.

Estas opiniones, paradójicas en quien ha vendido 30 millones de ejemplares de La magia del orden, ya recibieron en su momento la respuesta de gente del mundo de las letras, incapaces de aceptar ese reduccionismo libresco a 30 unidades. Leí con una sonrisa en los labios los comentarios de estos lectores insaciables, muy enfadados porque consideran a la Kondo poco menos que una amenaza contra el mundo de la cultura.

Y el caso es que, de algún modo, le doy la razón a ella: algunos deberíamos reducir nuestras bibliotecas, ahora bien, no a 30 ejemplares sino a 3.000. Pero yo no tengo 3.000 libros, tengo bastantes más, con la circunstancia agravante de que he leído la inmensa mayoría de ellos. (Como ni siquiera he abierto el manual de Marie Kondo, no sé si centra su agravio contra los libros no solo por el espacio que ocupan, sino también por el tiempo que les dedicamos).

El caso es que miro la pila de libros que he cribado (no los voy a tirar, tan solo los cambio de sitio) y me da por pensar en la paradoja de que tantos volúmenes provoquen desorden en casa a la vez que ordenan la mente y el espíritu. Mis libros son la estampa de un pasado redentor: los fui comprando y leyendo con pasión, convirtiendo así mi casa de soltero en una suerte de paraíso borgiano.  

No me pesa tener tantos libros, sino carecer de espacio para cobijarlos. Los libros no deberían ser nunca un estorbo, sino una promesa de salvación, sobre todo cuando uno los lee en vez de utilizarlos como meros artículos decorativos.

Puestos a elegir, prefiero reducir el espacio de lo que me viste por fuera (la ropa) y cedérselo a esos libros amigos que me visten por dentro.

Francisco Rodríguez Criado, escritor y corrector de estilo.

Imagen: Pixabay

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Walden, Henry David Thoreau, Francisco Rodríguez Criado

Envidia de Walden

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Los escritores y el fútbol

Borges y el fútbol

Jorge Luis Borges tenía fijación con el fútbol. Dijo que era un pecado, que debería estar censurado, que era algo estúpido y que los aficionados no tienen personalidad. Y etcétera. No hay duda: el deporte rey no pasaba ante sus ojos (opacos a la luz y a ciertas pasiones populares) de ser algo infame para pelotudos.

En el otro lado nos encontramos al Albert Camus, Premio Nobel de Literatura en 1957, quien afirmaba que todo lo que sabía sobre moral y sobre las obligaciones de los hombres lo había aprendido en el fútbol. Y añadió (incluso después de la concesión de Nobel) que si volviera a nacer, preferiría ser futbolista a escritor.

Así que si los extraterrestres amigos de J.J. Benítez o Sixto Paz decidieran visitar de una vez por todas nuestro farragoso planeta, deberíamos poner a prueba su alta inteligencia explicándoles que el fútbol es un deporte para tontos (según Borges) o una escuela de vida donde aprenderlo todo acerca del ser humano (según Camus). ¿A quién creerían?

Estas dos maneras tan opuestas de apreciar el fútbol son habituales en el círculo literario. Entre los escritores, la postura borgiana (para mí la más divertida por cuanto tiene de ridícula) es mayoritaria, o eso creo. Muchos opinan que el fútbol es el opio del pueblo y que los que acudimos a las canchas de fútbol o vemos los partidos en la televisión somos poco menos que idólatras tras el becerro de oro. Pero en ningún momento sube (o baja) tanto el debate como cuando nos acusan a los futboleros de ignorantes que nunca hemos leído un libro, como si cultivar una afición intelectual fuera incompatible con satisfacer otro tipo de inquietudes más sanguíneas.

A estas alturas, cuando las opiniones están tan polarizadas, ignoro si tiene sentido recordar que no hay nada malo en compaginar la pasión por la lectura con la pasión por el fútbol, que será un pecado, sí, pero solo cuando pierde tu equipo.

Francisco Rodríguez Criado

«Los escritores y el fútbol» fue publicado en El Periódico Extremadura, el miércoles, 9 de octubre de 2019.

En las imagen: Jorge Luis Borges (arriba) y Albert Camus, leyendo la prensa

La ciencia ficción del Procés

La ciencia ficción es el género preferido de los españoles a la hora de escoger una película para ver en el cine. Es al menos lo que ha concluido un estudio realizado por la empresa Cinesa, según el cual el 19 % de los espectadores prefieren las películas de ciencia ficción.

Si hubieran hecho el estudio sin salir de Cataluña, ese porcentaje subiría hasta el 50 %. Solo la pasión por lo fantasioso explica que la mitad de los catalanes vea en los sediciosos Jordis a dos presos políticos, a España como un Estado represor y al melifluo Rajoy como una suerte de dictador sin bigote. Únicamente echando mano de una imaginación desaforada, podría conectarse a Franco (que impidió la instauración de la democracia durante treinta y seis años) con el Artículo 155, implantado precisamente para restaurar la dinámica democrática aniquilada por los independentistas. Solo gracias a unos presupuestos lastrados por una entelequia exuberante se podría pensar que iban a alcanzar esa arcadia prometida por la casta de gobernantes indecentes que han gobernado Cataluña en los últimos años.

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¿Cómo frenar la yihad?

Europa tiene un grave problema con el yihadismo y cualquier solución posible se presenta a priori como ineficaz. Prueba de la dificultad de la solución es que los atentados se suceden en las grandes capitales europeas sin que nadie haya podido detenerlos hasta el momento. Resulta más complicado desbaratar sus planes que abatir a tiros a sus autores.

Mientras escribo estas líneas, células terroristas están diseñando nuevos ataques. No es una suposición, es una certeza. Hace poco vi en El Español un mapa con los ofensivas yihadistas en todo el mundo: 10.328 víctimas y 939 atentados, ¡solo en 2017! El hecho de que el 95 % de las víctimas sean musulmanas solo podría consolar a un sádico. El único consuelo sería rebajar la cifra a cero, algo que se antoja política-ficción.

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El Madrid de ayer y hoy

Madrid de ayer
Fuente de la imagen: Wikipedia

Hace unos días acudí en plena ola de calor a un emblemático edifico de la Gran Vía para participar en una entrevista, grabada con motivo de un proyecto educativo-cultural. A la salida, mientras huía hacia la boca de metro, me preguntaba cuáles eran las razones acuciantes por las que tantas personas se encontraran en aquel humeante caldo neurálgico a las cinco de la tarde. Intuir que muchos estaban allí por mera apetencia me hizo caer en la cuenta de que algunas cosas en mí han cambiado inexorablemente.

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La Europa sedada

La Europa sedada
Ignacio Echevarría

Un español residente en Londres tuvo la valentía de enfrentarse el pasado sábado a uno de los terroristas del Puente de Londres mientras este apuñalaba a una pobre mujer. Mientras escribo estas líneas (martes por la mañana), Ignacio, pues ese es su nombre, sigue desaparecido. Lo han buscado en hospitales y se cree, en el mejor de los casos, que pueda estar herido y sedado. El hecho de que no llevara documentación cuando ocurrió la masacre y el hermetismo de la Policía británica tampoco ayudan mucho.  

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