¿Adónde vamos?

Francisco Rodríguez Criado, síndrome de Down, ABC

A ChicoChico le gusta dar largos paseos con su padre, y a mí me gusta pasear con él. Es un niño tranquilo y empático, nada caprichoso. Se limita a ir agarradito de la mano de su padre mientras observa el mundo.

El único problema es su insistencia en preguntar adónde vamos. Yo siempre le respondo.

Vamos a casa de los abuelos.

Vamos a comprar pan.

Vamos a los columpios.

Vamos a tomar un zumito de piña.

Vamos a la playa.

(Esas cosas).

Pero algunos días no se conforma con mi respuesta e insiste una y otra vez. Y tanta es su insistencia, que llevo unos días preguntándome si su inquietud por saber adónde vamos será más filosófica que geográfica. Es decir, a lo mejor, cuando le digo que vamos a comprar el pan a la tienda de la esquina, ya lo sabe, y lo que quiere es saber hacia dónde nos dirigimos como personas, de dónde venimos, qué hacemos en este mundo, por qué estamos aquí. Cuál es, en definitiva, el destino de la humanidad.

(Esas preguntas que los filósofos llevan tratando de responder desde hace siglos).

Y si ese fuera el interés de Chico, saber hacia dónde se dirige el ser humano, tendría que responderle con sinceridad: “No tengo ni puñetera idea”. Pero como no quiero pasar por un padre que no sabe las respuestas, me hago pasar por tonto (justo para no parecerlo) y le respondo, según corresponda:

Vamos a casa de los abuelos.

Vamos a comprar pan.

Vamos a los columpios.

Vamos a tomar un zumito de piña.

Vamos a la playa.

Al final, tal vez asimilando que no tengo la respuesta que anda buscando, contemporiza con un: «¡Ah, vale!

Y así, cogidos de la mano, en santa compañía, seguimos paseando hacia ninguna parte.

Francisco Rodríguez Criado, escritor y corrector de textos literarios

El Diario Down, testimonio literario de un padre con un hijo con síndrome de Down

«El amor por un hijo con Síndrome de Down se aprende» (ABC)

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La trisomía del 21, según Canadá

Canadá, trisomía del 21

Respiro aliviado ahora que Canadá se va a ahorrar esos costos adicionales. No han explicado cuáles son exactamente, pero intuyo que si hubieran acogido de manera permanente a un joven con el síndrome de Down, el Estado se habría arruinado y sufrido una crisis de la que tardaría lustros en recuperarse. Imagino el desplome de la bolsa, el cierre de numerosos negocios, una subida sinigual del índice del paro y una mendicidad que haría insoportable pasear por las calles de Toronto.  

Canadá es por méritos propios uno de los países más celebrados del planeta. La belleza de sus paisajes, su alto nivel democrático y económico, la salubridad de su atmósfera, sus pistas de patinaje, su producción de chocolate y el buen humor y la exquisita educación de sus ciudadanos le confieren un aura de paraíso terrenal. Una nación que es, además, una de las más solidarias con los discapacitados.

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Reseña de ‘El diario Down’, por Andrés Barrero

El Diario Down

Agradezco a Andrés Barrero  su elogiosa reseña de El Diario Down en LyL (Libros y Literatura). Según él, es «un pequeño pero magnífico libro».

Les diría que lo que más me gusta del libro es la escasa preocupación de Francisco Rodríguez Criado por la corrección política, su huida de los clichés (tanto de los fatalistas como de los excesivamente optimistas), pero mentiría, y eso no está bien. El lector debe hacer un esfuerzo por estar a la altura del libro que lee y en este caso eso sólo se logra a base de honestidad y sinceridad. Así que les diré que lo que más me gusta de este libro es que no es un libro sobre la discapacidad, sino que lo es sobre la paternidad. Muchas de las cosas que cuenta el autor en El diario Down son perfectamente asumibles por cualquier padre, cualquiera de nosotros se sentirá terriblemente identificado con muchas de sus reflexiones y sí, el crío tiene una discapacidad que le dificultará ciertos aspectos de su vida lo que sin duda magnifica la natural preocupación de la familia, pero los padres no y esa naturalidad en la aceptación de las circunstancias es probablemente la mayor aportación no específicamente literaria que hace este pequeño pero magnífico libro.

Leer la reseña completa en Literatura y Libros.

El Diario Down en los medios de comunicación

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Lejeune, una vida

Jerome Lejeune
 

Toda persona necesita una vocación, una excusa, una causa –si se prefiere– para ser feliz. Jérôme Lejeune ya había encontrado la suya en la medicina cuando en 1952, nada más terminar la carrera, ingresó en el hospital Trousseau como ayudante del doctor Raymond Turpin. Pero fue el contacto con los niños “mongólicos”, como se les llamaba antes, lo que realmente determinó su vida. Aquellas prácticas de obligado trámite acabaron por materializarse en esa causa edificante.    

Aquí terminaba la carrera de ese médico rural que pretendía ser (tal vez influido por la lectura de El médico rural, de Balzac) para convertirse en el célebre genetista que en 1958 formuló de manera científica qué motiva el síndrome de Down: la existencia de un cromosoma extra del par 21, algo que entonces se desconocía por completo.

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