Un planeta errático

Este es un mundo lleno de errores. Le dan un premio Óscar a una película que no lo ha ganado, ponen en libertad a hombres que acaban asesinando a sus exparejas, se muere de leucemia un joven de veinte años que se bebía la vida a borbotones, eligen de presidente del país más poderoso del mundo a un hombre a quien el colegio médico tacha de loco narcisista. Y, por si fuera poco, los árbitros se equivocan –a decir de san Piqué– a favor del Real Madrid, que ya es mala suerte para alguien, como le ocurre al defensa del Barça, que además de santo no se equivoca nunca. (“Puedo perdonar todos los errores, menos los míos”, dijo Catón).

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Vidas ficticias

vidas ficticias

En su tesis sobre el cuento, Ricardo Piglia escribió que este género siempre narra dos historias. Su observación se desprende de una nota de cuaderno en el que Chéjov  consignó la anécdota de un hombre que gana un millón en un casino de Montecarlo y al llegar a casa se suicida. La paradoja del cuento está en lo imprevisible de su resolución. Lo lógico –si encontramos lógica en el suicidio– es matarse por perder hasta la camisa, no tras hacerse millonario jugando a la ruleta.

Confieso cierta fascinación literaria por esas personas que son puro cuento y que, por tanto, encierran dos historias en su interior, una de ellas ilógica. Emmanuel Carrere  relata en El adversario la decadencia de Jean-Claude Roman, una persona real que engañó a todo el mundo (familiares, amigos y compañeros), haciéndoles creer que era un médico de prestigio cuando lo cierto es que nunca había tenido trabajo ni había cursado carrera alguna. Antes que revelar a sus familiares su impostura, antes que confesar que era un ser de ficción, prefirió asesinarlos.  

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El castrismo

El castrismo, Fidel Castro

Algunos creen que la muerte de Fidel Castro puede adelantar el fin del castrismo. Tiempo al tiempo. Desde luego, no será a corto plazo. Como el propio comunismo, el castrismo es un arma de largo alcance, una perversa ideología sin ideología que ha estado sustentada durante décadas en el fanatismo, el odio a un enemigo con cola y cuernos al que combatir (Estados Unidos) y un poder militar con el que apagar cualquier conato de legítimo deseo de libertad. Si a esto añadimos un larguísimo listado de tontos útiles afines que no faltan en ningún país del planeta, incluido Estados Unidos, España o la propia Cuba, su continuidad está más que asegurada.

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Sobrevivir al diagnóstico

lumbago, sobrevivir al diagnóstico

Debemos asumir que nuestros hijos son hoy más susceptibles de tener problemas de personalidad que nunca: autismo, trastorno de déficit de atención o hiperactividad, problemas de sociabilidad, narcisismo precoz… Antes se zanjaba el tema definiendo al niño como “raro”. Este podía pasar el resto de su vida con esa clasificación escrita en la frente, sin más problema que el de sufrirse a sí mismo, pero en el siglo XXI el diagnóstico se depura hasta límites insospechados y hay tratamiento para todo menos para el miedo al diagnóstico. La vida actual es una amniocentosis sin fecha de caducidad.

Hoy los patrones psicológicos y conductuales se aplican con tanta urgencia, que antes de que les crezcan los dientes a nuestros pequeños ya sabemos que nos espera una paternidad complicada.

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Una novela sobre Diana Quer

Diana Quer, novela

Si alguien tiene interés en averiguar cómo se cocina una novela desde dentro, a fuego lento, no tiene más que recabar las noticias publicadas sobre la desaparición de Diana Quer, desaparecida hace ya tres meses. Lo que en otras circunstancias no hubiera copado más que una esquina de la prensa local, pronto llamó la atención del país entero gracias, en gran medida, a la difusión que algunos famosos allegados le dieron en las redes sociales.

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Payasos asesinos

payasos asesinos, Hillary Clinton, Donald Trump

Cuesta creer que sean tan poco atractivos los dos candidatos que pretenden dirigir el país más importante del mundo. (Uno de ellos ya será presidente cuando se publique este artículo). Hillary Clinton está muy preparada políticamente hablando, pero transmite poco y mal, y Donald Trump transmite mucho –aversión, sobre todo–, pero está muy poco preparado. ¿No había candidatos con más carisma? ¿No había un Obama, aunque fuera blanco? ¿Un Kennedy musulmán? ¿Un George Washington mujer? ¿Este es todo el menú?

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Adictos a las malas noticias

malas noticias

 

Ocurre con el colesterol como con las noticias: cuando son buenos nadie habla de ellos. Pero ya que la prensa no va a cambiar su ancestral modus operandi de primar las malas noticias sobre las buenas, he decidido buscar aspectos positivos en esas malas noticias. Por ejemplo: Donald Trump es un despropósito y un insulto a la inteligencia humana, pero cada vez cuenta con menos apoyos. Daesh es un arma de exterminio tan cruel como gratuita, pero está perdiendo fuelle. Un partido tan importante para la estabilidad del país como el PSOE lleva dos años haciéndose el harakiri, pero al menos ya le ha dado boleto a Pedro Sánchez, capaz de venderse al mejor postor por una poltrona que le quedaba muy grande. Y así sucesivamente.

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San Piqué

San Piqué

Tenemos un nuevo santo. No, no lo ha canonizado el papa Francisco sino la prensa deportiva, que ha escrito el último capítulo, el definitivo, de san Piqué, ese chico mártir que al parecer nunca ha roto un plato.

En un gesto de astucia, Piqué ha elegido, para anunciar que deja la Selección Española, el día en que las redes sociales arremetían contra él –sin motivo justificado– porque su camiseta no había lucido el escudo de España en su último partido con la selección. Son muchos los que se la tienen jurada al central del Barça y a veces ven gigantes en vez de molinos de viento, pero habría que preguntarse por qué son tantos estos Quijotes y por qué están tan enfadados. ¿Será porque el propio Piqué se ha comportado como un hooligan  y ha hecho de la confrontación su pasatiempo preferido?

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Orfandad planetaria

Orfandad planetaria

Los investigadores han hallado un planeta parecido a la Tierra en la órbita de la estrella Próxima Centauri, a poco más de cuatro años luz. De aceptar el entusiasmo de los descubridores, deberíamos pensar que estamos ante un gran hallazgo. El planeta de marras, al que han llamado Próxima b, se encuentra a la vuelta de la esquina (¿qué son cuatro años luz, a fin de cuentas?) y, dicen, “podría ser apto para la vida”.

Algunos han puesto en marcha la imaginación esperando que este planeta sea el primer destino del primer viaje interplanetario. Ganas no faltan. El terrícola lleva decenios acusando cierta orfandad planetaria. Somos varios millones de habitantes, pero excesivamente similares. Algunos quisieran poder compartir agujeros negros con habitantes de otros planetas. Si nos aburrimos del cónyuge, el trabajo o la vivienda, ¿por qué no habríamos de aburrirnos de la humanidad entera? Necesitamos congéneres inéditos que alimenten nuestros estímulos desde lo desconocido. Han pasado siglos desde que Colón desembarcase junto a un grupo de indios en taparrabos tras hacer las Américas, y desde entonces no tenemos constancia irrefutable de otros alienígenas procedentes de mundos ignotos que hayan puesto los pies en este cenagal.

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Un rescate novelesco

Gideon Hodge

Los brazos bien abiertos, las piernas componiendo una larga zancada, una expresión dramática acomodada en el rostro. Esta pudiera ser una de las imágenes de la semana. En ella se ve a Gideon Hodge en pleno rescate novelesco en un barrio de Nueva Orleans. Puede que al lector el nombre no le diga nada, pero seguramente sabrá quién es si le doy tres palabras clave: escritor, incendio, novelas. Sí, Hodge es el escritor que corrió a la desesperada para salvar su ordenador del incendio de su vivienda. En él guardaba, ay, la única copia de dos novelas sin publicar. No sabemos si Hodge hubiera corrido hacia las llamas –desafiando los consejos de los bomberos– para salvar a su novia, que fue quien le dio el aviso, pero una novela bien vale una misa, y la propia vida, si fuera necesario. Si damos por cierta la advertencia del gran poeta norteamericano Walt Whitman (quien toca un libro, toca a un hombre), Hodge arriesgó la vida para salvar su alma.  

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