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Lo confieso: Yo compré un pollo asado el 8M (Un desahogo necesario) | Francisco Rodríguez Criado

Lo confieso: Yo compré un pollo asado el 8M (Un desahogo necesario)

Volvamos a los hechos, le duela a quien le duela.

El 26 de febrero publiqué un artículo en El Periódico Extremadura titulado “Coronavirus: gripe o caimán”. En él mostraba mi desconfianza hacia quienes decían que el coronavirus era como una gripe común, y de paso contaba que dos días antes, el lunes 24 de febrero, había acudido a Urgencias de La Paz porque ChicoChico había enfermado de repente y no paraba de vomitar.

Allí estuve al menos dos horas, esperando mi turno. Cuando llegó el momento, le hicieron la pertinente revisión y le dieron un medicamento por vía oral. Para comprobar si le hacía efecto, teníamos que esperar media hora, al cabo de la cual nos atenderían de nuevo. En ese intervalo salieron de una sala tres chinos con mascarillas, a los cuales yo había visto entrar pocos minutos después de que Chico y yo ingresáramos en Urgencias. La cosa se puso fea: para asombro de quienes estábamos allí, un enfermero comenzó a gritarles a los tres chinos para que no salieran de la sala, y acto seguido nos echaron de Urgencias y cerraron las puertas, sin dar explicaciones. Así que allí nos quedamos, confinados en un ala de Urgencias. (Ahí empezaron para mí las precuelas del confinamiento). Ya había allí sanitarios con trajes EPI (por entonces yo no sabía cómo se llamaban), al pie del cañón, ganándose los aplausos masivos que vendrían luego. (Hoy ha muerto el jefe de Cirugía de la Paz. D. E. P.).

Así que pensé: ChicoChico, síndrome de Down, operado de corazón, con estenosis en la válvula pulmonar, con tendencia a pillarse neumonías con suma facilidad, algunas de las cuales han necesitado hospitalización…. No me lo pensé un segundo: subí al niño al carrito (me lo había llevado porque sabía que íbamos a estar allí varias horas; así podría echar una cabezada) y salí pitando de La Paz. No lo consulté con nadie, no hablé con nadie, no le pregunté nada a nadie: me fui corriendo (literalmente). Cuando la salud de mi hijo está de por medio, tonterías, las justas.

Al llegar a casa, me quedé en pelotas en la puerta y desnudé también al niño. Madre Coraje le lavó las manos y la cara y lo metió en su camita, mientras yo me duchaba. Luego eché toda la ropa en la lavadora que había dejado en la puerta. (No he vuelto a tomar este tipo de medidas tan agresivas; me preocupaba el niño, no yo. De hecho, trato de sobrellevar esta circunstancia con cierta tranquilidad).

(Otro inciso: hablando con el farmacéutico del barrio días atrás, me dijo que había comprado por Internet una pantalla de plástico anticontagio el 24 de febrero, después de que yo le contara lo que había vivido ese día en La Paz. Otro que tampoco está para tonterías).

Bien, repito: 24 de febrero. Luego vendrían el 25, y el 26, y el 27, y el 28, ¡y el 29! (año bisiesto). Y vendría el 1 de marzo, el 2, 3, 4, 5, 6, 7 y 8.

Yo no paraba de decir en casa: “Se va a liar. Va a morir gente, y no van a hacer nada hasta después del 8M”. Y tristemente no me equivoqué. El Gobierno, muy apurado, comenzó a entrar en acción el 8M por la tarde-noche. Yo ya los veía acongojados. Cualquier persona con un poco de sensatez sabe que si la manifestación del 8M se hubiera celebrado, pongamos, el 5 de agosto o el 3 de enero, gran parte de lo que ha sucedido se hubiera evitado. No todo, pero sí bastante. Se hubieran puesto a trabajar pronto y se hubieran anotado un tanto. Pero querían celebrar la manifestación del 8M porque eso les daba réditos políticos. Entre la política y la conveniencia política, eligieron lo segundo. Eso era al principio. Se notaba que desde principios de mayo lo estaban pasando mal: aunque en realidad ya no querían celebrar la manifestación, no tenían agallas para cancelarla. Estaban deseando que pasara para empezar a defender a la población de lo que ya estaba en camino. (Winter is coming…). Y de aquellos lodos, estos polvos.

(Y a todo esto, a finales de marzo, un familiar directo mío enfermó de coronavirus. No quiero hablar de cómo me he sentido durante semanas. Hoy no toca hablar de eso).

En fin, eso es lo que hizo el Gobierno. Ahora veamos la estrategia chusquera de los palmeros del Gobierno.

–Decir que el Gobierno no sabía nada (falso; sabían mucho desde enero. Y en febrero ya ni hablemos. ¿O es que yo salí huyendo de La Paz por entretenimiento? ¿O acaso nos confinaron en un ala por diversión? ¿O caso estaban los sanitarios con trajes EPI para entretener a los niños? Hay tanta información sobre lo bien informado que estaba el Gobierno, valga la redundancia, que resulta tedioso insistir en ello).

–Decir que era inevitable, y que también ha ocurrido en todos los países (falso; ahí están Japón, Alemania, Corea del Sur, Grecia o Portugal, este último con un primer ministro socialista. Ellos se limitan a citar a gobiernos negligentes: Francia, Italia, Estados Unidos, Reino Unido…, no citan a los que han actuado con diligencia, por eso de que las comparaciones son odiosas.

–Decir que el Gobierno lo está pasando mal y que Pedro Sánchez les da pena (cuestión de sensibilidades; al parecer ponen la pena en quien podría haber evitado en gran parte el problema, y no en los miles de fallecidos y en sus familiares).

–Decir que Vox celebró una manifestación, que hubo conciertos, partidos de fútbol, misas y reuniones. Claro, y yo salí a comprar un pollo asado. Anótenme en la lista de culpables. Se hacía vida normal porque el Gobierno, hasta la tarde del 8M, nos pidió que hiciéramos vida normal. Es más: nos pidieron que fuéramos a la manifestación. (Ojo: conozco feministas que por si las moscas no fueron). O sea que el Gobierno ordena el confinamiento llegado el momento, pero todo lo que ocurría antes fue culpa de que no estábamos confinados. ¿Y por qué no tomasteis medidas para confinarnos, majos, en vez de acusar a los que hacían lo que promulgabais: vida normal? ¿Por qué no cancelasteis la manifestación de VOX y la del 8M, los partidos de fútbol, las misas y etc. hasta que fue demasiado tarde? Y yo, mira qué desalmado, comprando un pollo asado…

–Decir con obligada mansedumbre: “Se han cometido errores, pero”. (Tardarían menos si explicaran cuáles son los aciertos).

–Y si nada de esto funciona, publicar la foto de Rajoy haciendo footing… (Sin comentarios).

–Y etc. (Aquí se anima a los palmeros más creativos a que inventen sus propias defensas de un Gobierno esperpéntico. Inventen ustedes, que todo acaba calando).

Algunos se preguntan: ¿Qué hubiera hecho la derecha si hubiera tenido en el horizonte, pongamos, la Manifestación de las Fuerzas Armadas? Pues posiblemente lo mismo. Son políticos, unos y otros, y van a lo suyo. (Quien espere servilismo por mi parte hacia un partido político puede esperar sentado. Yo opino que los políticos deben estar al servicio de los ciudadanos, no los ciudadanos al servicio de los políticos. Sí, ya sé que soy un rara avis). En cualquier caso, debemos juzgar a los políticos por lo que han hecho (pasado) o hacen (presente), no por lo que harían (condicional).

En el asunto del coronavirus no hay ideologías que valgan: solo hay buenas y malas gestiones. Hemos visto a malos gestores de derechas (Bolsonaro, Trump) y gestores buenos de izquierda (António Costa, en Portugal, por ejemplo). Y viceversa (Boris Johnson es otra calamidad. Un poco más y paga su estulticia con la vida). Gente que tiene mi confianza (algunos de ellos de derecha) me cuentan que el alcalde de Cáceres (del PSOE) está trabajando muchísimo por ayudar a superar la crisis. Estupendo: en estos casos lo que menos importa es el partido en el que milita el gobernante; lo que me importa es cómo lo hace.

¿Qué demonios importa la ideología a la hora de frenar una pandemia? No importa nada. Pero ahí siguen muchos que se toman esto como una Liga de Fútbol, apoyando a los suyos por muy mal que lo hagan. Sí, esos que estarían con los machetes en los dientes si el Gobierno fuera de un signo político diferente. Ahí están, insultando nuestra inteligencia (a veces con éxito).

Espero que los familiares de las víctimas sepan perdonar al Gobierno y a sus palmeros. Juro que yo lo intento.

Francisco Rodríguez Criado es escritor y corrector de estilo.

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