El mejor de los mundos posibles

el mejor de los mundos posibles, Leibniz

He visto en YouTube un vídeo en el que el periodista Fernando Díaz Villanueva entrevista al escritor y viajero Fabián Barrio mientras pasean por las calles de Zaragoza. La primera de las preguntas, “¿Por qué diste la vuelta al mundo?”, le sirve a Barrio para desarrollar un largo discurso sobre el viaje en motocicleta al que dedicó dos meses. El mensaje final parece ser este: “La gente es buena y hospitalaria en todas partes”. Según él, creemos lo contrario porque los medios de comunicación se centran en las noticias negativas que nos ofrecen una mala imagen (distorsionada) de la condición humana.

Yo mismo he coqueteado en numerosas ocasiones con esa idea, tan gratificante, tan necesaria, de que vivimos en el mejor de los mundos posibles, a la manera de Leibniz, y que los ciudadanos, de naturaleza pacífica, solo aspiramos a prosperar razonablemente sin hacer daño al prójimo. Pero, al mismo tiempo que me dejaba masajear por esos planteamientos tan buenistas, tenía la certeza de que alguien, muchas personas en realidad, en ese mismo instante estarían robando, violando, asesinando o incluso planeando una guerra que iba a dejar miles de vidas y mucha destrucción a su paso.

Al fin y al cabo, aunque los medios se centren en las noticias negativas, esas noticias no son inventos: los hechos están ahí.

Y así las cosas, no avanzo en la resolución de esta duda metafísica: ¿Es el hombre un lobo para el hombre, como aseguraba Hobbes? ¿Debo quedarme con el esmero con el que los profesores cuidan a los alumnos discapacitados o bien con la guerra de Ucrania, donde un país está siendo asolado por el capricho del zar Putin? ¿Debo quedarme con la defensa de los derechos humanos o con la certeza de que en numerosos países estos derechos no existen?

Empiezo a pensar que debemos cohabitar con la paradoja, y que el hombre es un lobo para el hombre en el mejor de los mundos posibles.

Francisco Rodríguez Criado, «El mejor de los mundos posibles», El Periódico de Extremadura, 24/8/2022

Francisco Rodríguez Criado, escritor, corrector de estilo, profesor de talleres literarios y creador del blog Narrativa Breve. Ha publicado novelas, libros de relatos, obras de teatro y ensayos novelados. Sus minificciones han sido incluidas en algunas de las mejores antologías de relatos y microrrelatos españolas: El cuarto género narrativo. Antología del microrrelato español (1906-2011). Ed. Irene Andrés-Suárez (Cátedra, Madrid, 2012),Velas al viento. Ed. Fernando Valls (Los cuadernos del vigía, Granada, 2010), La quinta dimensión (Universidad de Extremadura, Mérida, 2009), Soplando vidrio y otros estudios sobre el microrrelato español. Ed. Fernando Valls (Páginas de Espuma, Madrid, 2008), Histerias breves (El problema de Yorick, Albacete, 2006), Relatos relámpago (ERE, Mérida, 2006), etcétera. Es autor de El Diario Down, donde narra en primera persona sus experiencias como padre de un bebé con el Síndrome de Down. Los zapatos de Knut Hamsun (De la Luna Libros, 2018) y Hombres, hombrinos, macacos y macaquinos (2020) son sus últimos libro de relatos.

Imagen destaca: Pixabay

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La felicidad de ‘Grease’

La felicidad de ‘Grease’

Grease, Olivia Newton-John

Yo tenía once años cuando vi Grease en un cine de Cáceres, quizá el Coliseum. Nunca olvidaré la emoción de entrar en esa oscura sala, y aun así iluminada por un glamur entonces inédito para mí, rodeado de numerosos amigos dispuestos a presenciar una película musical que a nuestra tierna edad nos iba a dejar una huella gratificante.

Y no era solo por la música, era por esa magia que tiene el cine para transportarte a otros mundos, a otros lugares, a otras vidas. A los pequeños espectadores de aquella sala abarrotada la película interpretada por Olivia Newton-John y John Travolta nos metía de lleno en un paraíso de luces, colores, canciones y emociones. No es extraño que Grease fuera la película más taquillera del año y que su banda sonora obtuviera un éxito memorable.

John Travolta y Olivia Newton-John no eran para nosotros simples actores, eran nuestros amigos. Esos amigos americanos y molones vestidos de ropa de cuero que a la primera de cambio se ponían a bailar y a cantar canciones pegadizas.

Pero es mucho más fácil representar la felicidad en una película que en la vida real. A los pocos meses del rodaje de Grease, la novia de John Travolta, Diana Hyland, murió de cáncer, como también lo haría en 2020 su esposa, Kelly Preston, por cáncer de pecho, y ahora su compañera de reparto y amiga Olivia Newton-John, que llevaba luchando contra esa misma enfermedad desde hacía treinta años.

Pero quién quiere quedarse con tanta desolación, tanto realismo inicuo que no entiende de luces, colores y canciones. Prefiero recordar aquella ficción edulcorada puesta al servicio de un espectador que tan solo quería pasar un buen rato y, como era mi caso, soñar que vivíamos en el mejor de los mundos posibles.

Olivia Newton-John triunfó en la gran pantalla y sufrió tras ella. Pero para mí será siempre será la inmortal Sandy que me colmó de bailes y sueños cuando yo era joven e ingenuo.

Francisco Rodríguez Criado, El Periódico de Extremadura, 10/8/2022

Cursos de Escritura (novela, relato, guiones, cuentos infantiles…)

Curso de relatos de ficción basado en hechos reales

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La realidad que supera a la ficción

Mario Biondo, realidad, ficción

Resulta que la Justicia italiana ha dictado sentencia en el caso de Mario Biondo, y para cerrarlo no ha hecho sino dejarlo más abierto que nunca al asegurar que el cámara fue asesinado por autores desconocidos que simularon su suicidio. ¡Oh là là!

El asunto tiene todos los ingredientes para acabar como serie de Netflix, si acaso no está ya en camino: guapa presentadora casada con guapo cámara de televisión, drogas y sexo, una posible doble vida, una esposa que da varias versiones sobre el día de la muerte, la familia de Biondo contra su viuda (a la que sutilmente acusa de organizar su asesinato…). Y la guinda del pastel mediático: la posibilidad de que lo que desde un primer momento se vendió como un suicidio sea –hasta la fecha– un asesinato perfecto.

La historia, tan dramática para los familiares y amigos de Mario Biondo, se deshumaniza cuando se convierte en carnaza amarillista. ¿Pero quién está libre de sentir el deseo de conocer la verdad de esta historia llena de recovecos, propia de un thriller superventas?

Los lectores de novela negra –y yo lo soy–, a la hora de alimentar nuestra curiosidad insana, nos sentimos tan interesados por la realidad como por la ficción. Si una historia truculenta bien narrada sobre el papel es capaz de convocar nuestra atención, ¿por qué no sentiríamos un estímulo similar cuando es la propia realidad, la escritora más dotada, quien la firma?

Los autores de novela negra y de thrillers reconocen que las tramas de sus narraciones tienen fuertes asideros en casos concretos de la vida real. La crónica de sucesos de cualquier periódico es, por tanto, una fuente inagotable de narraciones literarias. La tragedia bien escrita ha sido previamente bien leída.

La realidad no solo supera la ficción, sino que además la nutre. Todos somos, en resumidas cuentas, sufridos personajes de una novela de final incierto que no hemos escrito nosotros.

Francisco Rodríguez Criado, El Periódico de Extremadura, 3/8/2022

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