Envidia de Walden

Walden, Henry David Thoreau, Francisco Rodríguez Criado

A veces me planteo si merecería la pena apartarme de la civilización, hacer un Walden a lo Henry David Thoreau y huir a bosques recónditos para vivir en plenitud en la naturaleza, ajeno a tantos males que al parecer están a la vuelta de la esquina.

Tal vez así me libraría de las contracturas, los pensamientos circulares, las urgencias, de la necesidad de ir corriendo a todas partes. Podría cultivar un huertecito, dar largos paseos, tomar el sol, bañarme desnudo en aguas gélidas y asearme con jabón fabricado con mis propias manos.

Pero si abandonara la civilización para mudarme a una cabaña, no duraría una décima parte de lo que Henry David Thoreau estuvo apartado del mundanal ruido: dos años, dos meses y dos días. Qué tonterías: yo sobreviviría un par de días, tras los cuales pediría auxilio a la guardia civil con mi teléfono móvil 5G.

Aunque asumo que soy un urbanita convencido, no logro dejar a un lado la idea de que mi actual ritmo de vida (trabajo, contabilidad, crianza de los hijos, desplazamientos obligados en coche, escasez de tiempo para el ocio) no es bueno para la salud.

Los debates sobre el mundo rural versus la urbe son recurrentes, y una gran mayoría llega a la conclusión de que es más sano el campo, si bien paradójicamente –o no tanto– a esa mayoría no hay quien la saque de la ciudad, a no ser para dar un paseo furtivo por el campo para recoger espárragos.

Escribo estas líneas volanderas en un lugar de descanso, respirando aire puro, cerca del mar. Y, sin embargo, no consigo desconectarme de las mismas tareas y preocupaciones que me lastran cuando vivo en la gran ciudad. De hecho, lo primero que hago al despertar es consultar en el móvil cómo va todo: el fallido tren rápido de Extremadura, la crisis energética, la guerra en Ucrania, los nuevos casos de violencia…

Las vacaciones son para mí la misma batalla de siempre en un escenario  diferente.

Francisco Rodríguez Criado, escritor y corrector de textos

Walden (en edición de Errata Naturae). Consultar en Amazon

Walden, Henry David Thoreau, Francisco Rodríguez Criado

Envidia de Walden

A veces me planteo si merecería la pena apartarme de la civilización, hacer un Walden a lo Henry David Thoreau y huir a bosques recónditos …
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Francisco Rodríguez Criado, síndrome de Down, ABC

¿Adónde vamos?

A ChicoChico le gusta dar largos paseos con su padre, y a mí me gusta pasear con él. Es un niño tranquilo y empático, nada …
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Rafa Nadal, Wimbledon

Wimbledon en una imagen

Como ejemplo de hecho intranscendente, ahí está la despedida de Rafa Nadal de los trabajadores del torneo de Wimbledon, cuyas canchas tuvo que abandonar contra …
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procesos kafkianos

Procesos kafkianos

En este proceso kafkiano soy el claro perdedor. Incluso aunque al final acaben reconociendo su equivocación, ¿quién va a compensar los inconvenientes emocionales que me …
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¿Adónde vamos?

Francisco Rodríguez Criado, síndrome de Down, ABC

A ChicoChico le gusta dar largos paseos con su padre, y a mí me gusta pasear con él. Es un niño tranquilo y empático, nada caprichoso. Se limita a ir agarradito de la mano de su padre mientras observa el mundo.

El único problema es su insistencia en preguntar adónde vamos. Yo siempre le respondo.

Vamos a casa de los abuelos.

Vamos a comprar pan.

Vamos a los columpios.

Vamos a tomar un zumito de piña.

Vamos a la playa.

(Esas cosas).

Pero algunos días no se conforma con mi respuesta e insiste una y otra vez. Y tanta es su insistencia, que llevo unos días preguntándome si su inquietud por saber adónde vamos será más filosófica que geográfica. Es decir, a lo mejor, cuando le digo que vamos a comprar el pan a la tienda de la esquina, ya lo sabe, y lo que quiere es saber hacia dónde nos dirigimos como personas, de dónde venimos, qué hacemos en este mundo, por qué estamos aquí. Cuál es, en definitiva, el destino de la humanidad.

(Esas preguntas que los filósofos llevan tratando de responder desde hace siglos).

Y si ese fuera el interés de Chico, saber hacia dónde se dirige el ser humano, tendría que responderle con sinceridad: “No tengo ni puñetera idea”. Pero como no quiero pasar por un padre que no sabe las respuestas, me hago pasar por tonto (justo para no parecerlo) y le respondo, según corresponda:

Vamos a casa de los abuelos.

Vamos a comprar pan.

Vamos a los columpios.

Vamos a tomar un zumito de piña.

Vamos a la playa.

Al final, tal vez asimilando que no tengo la respuesta que anda buscando, contemporiza con un: «¡Ah, vale!

Y así, cogidos de la mano, en santa compañía, seguimos paseando hacia ninguna parte.

Francisco Rodríguez Criado, escritor y corrector de textos literarios

El Diario Down, testimonio literario de un padre con un hijo con síndrome de Down

«El amor por un hijo con Síndrome de Down se aprende» (ABC)

Walden, Henry David Thoreau, Francisco Rodríguez Criado

Envidia de Walden

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Francisco Rodríguez Criado, síndrome de Down, ABC

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procesos kafkianos

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Wimbledon en una imagen

Rafa Nadal, Wimbledon

Las redes sociales son un manjar para muchas personas que no tienen nada mejor que hacer que convertir cualquier nimiedad en un debate o en un chascarrillo. Lo que antes quedaba en la intimidad, visible, escuchable y comentable solo por quienes habían vivido la escena, hoy, gracias –o por culpa de– la tecnología, llega al ancho mundo en cuestión de minutos.

Como ejemplo de hecho intranscendente, ahí está la despedida de Rafa Nadal de los trabajadores del torneo de Wimbledon, cuyas canchas tuvo que abandonar contra sus deseos por culpa de una lesión. En esa imagen no veremos nada inaudito (un hombre muerde a un perro), tan solo al tenista español demostrando por enésima vez que es una persona educada y respetuosa (un perro muerde a un hombre).

Antes de la irrupción de Internet, podría haber sido noticia que el tenista le hubiera hecho un feo a algún trabajador del torneo o que algún loco le hubiera insultado. No esto. Entonces, ¿por qué se han comentado tanto estas imágenes domésticas divulgadas por los organizadores del torneo? O más aún: ¿Por qué se han divulgado? El motivo es que hoy día todo se aprovecha informativamente, pues hay un público deseoso de comentar noticias que en realidad no lo son.

La imagen de Wimbledon de 2022 no ha sido la de Nadal despidiéndose de los trabajadores, ni la de Kyrgios quejándose al juez de silla hasta por respirar, ni la de Djokovic comiéndose el césped tras ganar el torneo. No, todo eso es un día más en la oficina. La imagen icónica ha sido la del padre y la hermana de Nadal pidiéndole con vehemencia, al verle quejarse del dolor, que abandone la pista.

Es esa imagen tan humana, la de la familia que antepone la salud de los suyos a otro peldaño más de gloria, la que sí tiene motivos para dar la vuelta al mundo. Es la imagen que constata que detrás de un gran hombre siempre, o casi siempre, hay una gran familia.

Francisco Rodríguez Criado es escritor y corrector de textos literarios

Francisco Rodríguez Criado, escritor, corrector de estilo, profesor de talleres literarios y creador del blog Narrativa Breve. Ha publicado novelas, libros de relatos, obras de teatro y ensayos novelados. Sus minificciones han sido incluidas en algunas de las mejores antologías de relatos y microrrelatos españolas: El cuarto género narrativo. Antología del microrrelato español (1906-2011). Ed. Irene Andrés-Suárez (Cátedra, Madrid, 2012),Velas al viento. Ed. Fernando Valls (Los cuadernos del vigía, Granada, 2010), La quinta dimensión (Universidad de Extremadura, Mérida, 2009), Soplando vidrio y otros estudios sobre el microrrelato español. Ed. Fernando Valls (Páginas de Espuma, Madrid, 2008), Histerias breves (El problema de Yorick, Albacete, 2006), Relatos relámpago (ERE, Mérida, 2006), etcétera. Es autor de El Diario Down, donde narra en primera persona sus experiencias como padre de un bebé con el Síndrome de Down. Los zapatos de Knut Hamsun (De la Luna Libros, 2018) y Hombres, hombrinos, macacos y macaquinos (2020) son sus últimos libro de relatos.

Relato de Francisco Rodríguez Criado: De vuelta a casa

Procesos kafkianos

procesos kafkianos

Estoy viviendo un contencioso administrativo con el Ayuntamiento de Madrid, que me reclama el pago del impuesto de matriculación de mi coche, pese a que pagué a tiempo la cantidad que me solicitan.

Tras presentar una reclamación escrita en una oficina del Ayuntamiento, con el consabido justificante bancario de pago por la cantidad exacta que me reclamaban –la señora que me atendió me dijo que yo tenía razón–, he recibido una carta certificada, una plantilla con una jerigonza incomprensible de la que, después de mucho investigar, he sobreentendido que me piden que pague lo que ya aboné en su día, además, cómo no, de un incremento a modo de multa. Si dejo pasar el asunto, el Ayuntamiento de Madrid, me aseguran en la notificación, acabará por embargarme el coche. Y la vida si hiciera falta, añado yo.

En este proceso kafkiano soy el claro perdedor. Incluso aunque al final acaben reconociendo su equivocación, ¿quién va a compensar los inconvenientes emocionales que me ha causado este conflicto que no he iniciado yo?, ¿quién me devolverá el tiempo perdido?, ¿quién me despenalizará el ánimo?

Al parecer no soy único en la travesía del desierto de la indefensión ciudadana. Varias personas a quienes se lo he contado me han narrado su propia historia de terror administrativo, sea con ayuntamientos, comunidades, Hacienda, el banco, etc.

Lo más sorprendente de todo es que mientras el ciudadano ha de ser ejemplar para no evitarse problemas con las autoridades –en mi caso, ni aun así–, auténticos corruptos campan a sus anchas, léase Luis Rubiales, presidente de la RFEF, al que no hay manera de cesar del cargo, pese a que desayunemos cada día con una de sus fechorías, propias de la mafia.

Así las cosas, el ciudadano acaba por sentirse tan impotente como Josef K., el personaje de la novela El proceso, que fue arrestado por una razón desconocida.

De Kafka acá no hemos mejorado nada.

Francisco Rodríguez Criado, El Periódico de Extremadura, 6/7/2022

Escritores que no leen


Francisco Rodríguez Criado, escritor, corrector de estilo, profesor de talleres literarios y creador del blog Narrativa Breve. Ha publicado novelas, libros de relatos, obras de teatro y ensayos novelados. Sus minificciones han sido incluidas en algunas de las mejores antologías de relatos y microrrelatos españolas: El cuarto género narrativo. Antología del microrrelato español (1906-2011). Ed. Irene Andrés-Suárez (Cátedra, Madrid, 2012),Velas al viento. Ed. Fernando Valls (Los cuadernos del vigía, Granada, 2010), La quinta dimensión (Universidad de Extremadura, Mérida, 2009), Soplando vidrio y otros estudios sobre el microrrelato español. Ed. Fernando Valls (Páginas de Espuma, Madrid, 2008), Histerias breves (El problema de Yorick, Albacete, 2006), Relatos relámpago (ERE, Mérida, 2006), etcétera. Es autor de El Diario Down, donde narra en primera persona sus experiencias como padre de un bebé con el Síndrome de Down. Los zapatos de Knut Hamsun (De la Luna Libros, 2018) y Hombres, hombrinos, macacos y macaquinos (2020) son sus últimos libro de relatos.


Walden, Henry David Thoreau, Francisco Rodríguez Criado

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