Depresión posvacacional

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He recibido una invitación vía email para asistir a un taller que enseña a superar la depresión posvacacional propia de estas fechas. Me he quedado triste pensando en esa pobre gente que ha estado en la playa con la familia o con los amigos, disfrutando de buenos baños entre mariscada y mariscada, o en esos que han hecho el añorado viaje cultural, por no hablar de los que han descansado del mundanal ruido en una isla paradisíaca con régimen de todo incluido. Sí, esa pobre gente ahora condenada a soportar su depresión estacional mientras yo me solazo en mi felicidad gracias a que he pasado todo el verano trabajando y sudando como un pollo, satisfecho porque el sitio más lejano y exótico al que he viajado ha sido el hipermercado de la esquina. Esto de no tener vacaciones relaja un montón y te da las energías necesarias hasta las próximas no-vacaciones de verano.

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Cuando no pasa nada

Usain Bolt

El periodo de pactos para elegir (o reelegir) presidente del gobierno ha impedido que algunos periodistas de renombre –y muchos otros que no lo son tanto– se hayan visto obligados a aplazar sus vacaciones veraniegas. Es comprensible: deben estar los mejores profesionales en sus puestos de trabajo para contarnos… que no hay nada que contar.

Vivimos el día de la marmota, políticamente hablando. La gran noticia es que sigue sin haber noticias. Rajoy hace footing con su estilo mariposón, como cada año; Pedro Sánchez abunda en el “no es no”; Pablo Iglesias sigue esperando que Sánchez deshoje la margarita para promover un gobierno progresista; y Albert Rivera desestima posibilitar un gobierno de Rajoy los días pares, mientras que los impares urge al líder del PSOE para que tenga sentido de estado y se abstenga en la investidura.   

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Profesiones de futuro

profesiones de futuro

 

Algunas profesiones están condenadas al ostracismo, cuando no a desaparecer. Es el caso de los serenos, los afiladores de cuchillos callejeros, los músicos con cabra y escalera o los acomodadores de cine, a quienes no he vuelto a ver desde hace décadas. Tampoco pinta bien la cosa para los artesanos que trabajan con sus manos el barro, la pizarra o la hojalata, sobre los cuales ya escribí un libro. Desaparecerán, si no lo han hecho ya, los profesores de latín y griego, y también los de la hoy denostada filosofía. Pero los más avispados podrán sobrevivir dando clases de masturbación, impartiendo talleres de constelaciones familiares o adivinando nuestro aciago futuro en los posos del café. Renovarse o morir, esa es la clave.

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Descansar de la familia

descansar de la familia

Tras las vacaciones de verano las consultas de los psicólogos y abogados reciben más clientes que nunca: los psicólogos para tratar de aplacar el estrés sufrido por la pareja durante el impasse y los abogados, para tramitarles el divorcio.

Las vacaciones organizadas para descanso de la tribu familiar son agotadoras y causan más inconvenientes que beneficios. Lógico: el tiempo que antes dedicaba uno en santa paz a trabajar en la oficina o a reforestar bosques tiene que emplearlo ahora en cohabitar con los seres queridos, y ya se sabe que la confianza da asco. 

Vacacionar es duro y, además, dañino, porque demasiada vida en familia puede acabar destrozando lo que más quieres: la propia familia. Lo ideal sería escalonar las vacaciones: mandar a los niños al campamento en julio y dividir el mes de agosto en dos: una quincena para el marido y otra para la esposa. No es cuestión de descansar a secas, ni descansar con la familia, el objetivo es descansar de la familia. Ella podría tomarse unos días de meditación en el Tíbet y él marcharse a recoger cangrejos gigantes a Tahití (o viceversa) mientras los más pequeños se quedan en casa tras el campamento, libres de sus padres, haciendo lo que no pueden hacer el resto del año: respirar tranquilos.

No es de extrañar que algunos padres se carguen de trabajo, excusa social con la que más de uno sortea el estrés familiar. Más paradójico es el caso de esos padres conservadores que rehúyen de su progenie y a quienes solo se les ve con ella en las manifestaciones profamilia.

La familia es una ONG y un depredador al mismo tiempo: te lo da todo, pero también te roba hasta la última de tus energías. Un periodo vacacional en soledad podría ser la fórmula para hundirles el negocio septembrino a abogados y psicólogos, y de paso restituir la armonía en el hogar. Para amar, como para todo, hay que estar descansado.

Francisco Rodríguez Criado, El Periódico Extremadura, 29-7-2016

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Francisco Rodríguez Criado es escritor y corrector de estilo y trabaja como redactor de contenidos para publicaciones de diversa temática. Su blog Narrativa Breve es uno de los espacios literarios más leídos en lengua castellana. El diario Down, testimonio literario sobre la paternidad y el síndrome de Down, es su último libro. (Web) (Facebook).


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