La trisomía del 21, según Canadá

Canadá, trisomía del 21

Respiro aliviado ahora que Canadá se va a ahorrar esos costos adicionales. No han explicado cuáles son exactamente, pero intuyo que si hubieran acogido de manera permanente a un joven con el síndrome de Down, el Estado se habría arruinado y sufrido una crisis de la que tardaría lustros en recuperarse. Imagino el desplome de la bolsa, el cierre de numerosos negocios, una subida sinigual del índice del paro y una mendicidad que haría insoportable pasear por las calles de Toronto.  

Canadá es por méritos propios uno de los países más celebrados del planeta. La belleza de sus paisajes, su alto nivel democrático y económico, la salubridad de su atmósfera, sus pistas de patinaje, su producción de chocolate y el buen humor y la exquisita educación de sus ciudadanos le confieren un aura de paraíso terrenal. Una nación que es, además, una de las más solidarias con los discapacitados.

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Irlanda, mesón de cerveza y melancolías

 Francisco Rodríguez Criado, Cork, Irlanda

 

Como aquí no había nada que hacer; decidí escaparme a Irlanda. Huir, a la larga, es la forma más intensa de conocer mundo. Y de conocerse a uno mismo. Viajé a Cork con la intención de quedarme en ella quince días; al final mi estancia se alargó a un par de meses: dos meses de frío y desasosiegos, esa palabra/sentimiento que frecuentaba Pessoa y que tantos escalofríos le producen a este servidor.

Nada de cámaras fotográficas ni poses de turista japonés. Simplemente Cork, guapa y atlántica, en estado puro y duro. Con sus iglesias y sus bares. Su lucidez y sus arrebatos. Sus luces y sus ocasos. Todo envuelto en ese abrupto clima oceánico, donde  sol y lluvia intercambian sus voces en un interminable blues cansino.

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Los lugares más peligrosos

 montaña sagrada de Hua-Shan en China
Montaña sagrada de Hua-Shan en China

 

Cada cierto tiempo leo en la prensa reportajes sobre lugares que son considerados los más peligrosos del mundo. Estos pueden cambiar a gusto del redactor, pero todos coinciden en algo: ninguna persona racional celebraría en ellos su fiesta de cumpleaños con la abuela y los niños. Cuevas de más de un kilómetro de profundidad que se anegan cuando llueve, piscinas naturales bajo grandes cascadas, montañas que resultan letales para alpinistas intrépidos, inestables puentes colgantes, playas frecuentadas por tiburones, volcanes con la insidiosa costumbre de entrar en erupción…

Las imágenes sobrecogen, pero desde la pantalla de mi ordenador el peligro que entrañan se percibe como relativo. No todos tenemos la pretensión de emular a Indiana Jones o a James Bond ni disponemos de energías ni fondos suficientes para recorrer miles de km en busca de una peripecia extrema que contar a los amigos –cuando esta no se convierte en mortal. Lo que debería asustarnos no son estas postales alternativas que representan escenas improbables en sitios a los que quizá no iremos nunca, sino amenazas más mundanas. Es lógico pensar que el lector de este artículo no termine sus días camino de la montaña sagrada de Hual-Shan, en China, sino en un accidente de tráfico, víctima de un cáncer o simplemente presa del aburrimiento.

La violencia de género se cobra cada año decenas de vidas de mujeres en lugares a priori nada peligrosos como la cocina del hogar o la peluquería. En estos días cuatro chicas han sido violadas en las fiestas de San Fermín. Imagino la prevención de estas mujeres ante la desbandada del toro de turno, ignorantes de que el mayor peligro no lo entrañan las astas de un cuadrúpedo, sino un desalmado de dos patas dispuesto a demostrar, una vez más, que la violencia más insoportable no habita en una cascada o en un volcán, sino en ese rústico primate que llevamos dentro.


(Artículo publicado en El Periódico Extremadura el miércoles, 13 de julio de 2016).

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La seguridad en Facebook

Facebook, seguridad, Francisco Rodríguez Criado

Facebook, seguridad, Francisco Rodríguez Criado

Por malsana curiosidad social me entretengo viendo álbumes fotográficos personales en Facebook. El catálogo más exitoso del verano es, una vez más, el de Felicidad en Grupo. En la playa, en el campo, en una terraza, a los pies de la Torre Eiffel o tumbados en el parque del Retiro, las imágenes más ofertadas son las de los usuarios rodeados de gente, exhibiendo su felicidad ante el ancho mundo. Nada que objetar, aunque a mí me daría cierto pudor: creo que la felicidad, como la colada, no debe tenderse a la vista de todos.

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