El debate imposible

El debate imposible

 

Tengo familiares y amigos, a quienes quiero y aprecio, que son de izquierda o de derecha, ateos o católicos, del Real Madrid o del Barça, defensores del toreo o antitaurinos,  partidarios de la pena de muerte o contrarios a ella. Con todos he tratado siempre de debatir con argumentos sobre mil y un temas… Algo francamente difícil a veces: algunas personas –el etiquetaje es de Ortega y Gasset– no tienen ideas, tienen creencias, y en tal circunstancia hay poco que rascar. En cualquier caso, tras debatir con personas que no piensan como yo siempre he analizado a posteriori sus palabras con esa paz que no te concede el acalorado debate, intentando esclarecer si ellos tendrían  razones que a mí me faltaban.

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El voto útil

Albert Rivera, el voto útil

Vaticiné el descalabro de UPyD cuando Rosa Díez no solo se negó a coaligarse con Ciudadanos sino que publicó un documento articulado en cuarenta puntos en los que retrataba al partido de Rivera como causa de todos los males. Llamé a aquel artículo “La inteligencia fracasada” en alusión a un ensayo de José Antonio Marina que analiza el caso de personas a priori inteligentes que tienen tendencia a tomar decisiones estúpidas.

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Obesos del siglo XXI

obesos
Juan Manuel Heredia.

“Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella, no me salvo yo”. He recordado este aforismo de Ortega y Gasset al leer que Juan Manuel Heredia, el hombre más obeso de España, se ha sometido a una operación que le va a hacer perder 200 kilos en los próximos meses. Los doctores que le han colocado un baipás gástrico dicen que cuando pierda esos kilos no se va a reconocer. Y tanto: la circunstancia de este joven va a ser tan diferente de la actual, que su yo va a quedar irreconocible cuando lo someta al dictamen del severo espejo.

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Reseña de ‘El diario Down’, por Ricardo Martínez Llorca

El Diario Down, Revista de Letras

Insisto: no puedo estar más contento: hay reseñas sobre El diario Down casi a diario. Y, además, hoy es la segunda vez que un reseñista dice que el libro le recuerda a Kenzaburō Ōe, premio Nobel de Literatura en 1994. ¿Se pude pedir más? 🙂

El diario Down, de Francisco Rodríguez Criado, no entra dentro del testimonio del yo, porque es el yo quien cultiva la enfermedad; el yo de esta obra testimonial padece dolor, pero es lo bastante inteligente como para reconocer cuáles son los límites de su sensibilidad y no practicar el sufrimiento. El narrador es el padre de un niño con síndrome de Down. En ese aspecto, de igualarse a alguien sería a Kenzaburo Oé.

Os dejo la reseña completa de Ricardo Martínez Llorca, publicada hoy, 13-6-2016, en Revista de Libros con el título de “Un baño de realidad”.

Reseña de ‘El diario Down’, por Andrés Barrero

El Diario Down

Agradezco a Andrés Barrero  su elogiosa reseña de El Diario Down en LyL (Libros y Literatura). Según él, es “un pequeño pero magnífico libro”.

Les diría que lo que más me gusta del libro es la escasa preocupación de Francisco Rodríguez Criado por la corrección política, su huida de los clichés (tanto de los fatalistas como de los excesivamente optimistas), pero mentiría, y eso no está bien. El lector debe hacer un esfuerzo por estar a la altura del libro que lee y en este caso eso sólo se logra a base de honestidad y sinceridad. Así que les diré que lo que más me gusta de este libro es que no es un libro sobre la discapacidad, sino que lo es sobre la paternidad. Muchas de las cosas que cuenta el autor en El diario Down son perfectamente asumibles por cualquier padre, cualquiera de nosotros se sentirá terriblemente identificado con muchas de sus reflexiones y sí, el crío tiene una discapacidad que le dificultará ciertos aspectos de su vida lo que sin duda magnifica la natural preocupación de la familia, pero los padres no y esa naturalidad en la aceptación de las circunstancias es probablemente la mayor aportación no específicamente literaria que hace este pequeño pero magnífico libro.

Leer la reseña completa en Literatura y Libros.

El Diario Down en los medios de comunicación

Comprar EL DIARIO DOWN (2016)

Vida laboral

Gerard Depardieu, vida laboral

Deberían contratarme para dar conferencias. El tema podría ser “Triunfa en tu profesión”, o algo así. Bastaría leer mi currículum vítae para que los aspirantes a un buen trabajo se hicieran una idea de lo que no se debe hacer.

Una vez solicité a la Seguridad Social el Informe de mi Vida Laboral y en vez de un impreso me entregaron los Rollos del Mar Muerto. Nos ha costado un mes clasificarlo, pero creo que no falta nada, resopló el oficinista de turno sobreponiéndose al polvo de los pergaminos.

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Reseña de ‘El diario Down’, por Javier Pérez de Albéniz

El Diario Down, Tolstoievski

 

Nueva reseña de El Diario Down, por Javier Pérez de Albéniz, en su mítico blog El decofidicador.

No espere encontrar en “El diario Down” la historia lacrimógena de un padre blandengue que se castiga con su suerte. Para nada. El autor sabe que la vida no le debe nada, que no hay compensanción alguna, que “vivir es una eterna carrera de obstáculos que se gana no tanto con la suerte como con el afán de superación”: “Los padres que tenemos niños con discapacidad deberíamos aceptar cuanto antes su circunstancia y tratar de apoyarlos y estimularlos, para sacar lo mejor de ellos dentro de unos márgenes razonables”. Javier Pérez de Albéniz

Leer la reseña completa en El decofidicador, 8/6/2016.

La maleta de Garci

José Luis Garci

Garci se va de la tele. Se ha ido ya, quiero decir. Fue grande mientras duró, y duró casi una década. Ha hecho la maleta y ha metido en ella la cámara, la claqueta, la silla del director, los actores, los decorados… Ha hecho la maleta y ha metido en ella al Cine. Un cine total que abría las puertas a sus incondicionales en TVE cada noche del lunes. O del martes. O del lunes nuevamente. En La 2 teníamos los documentales de animales, y teníamos a Garci, ese señor de voz gutural que fuma en estos tiempos en que fumar es pecado y habla de Ford o Hitchcock con pasmosa familiaridad, como si en sus años mozos hubiera compartido con ellos un piso de estudiantes en Chueca. Por su plató, ante la mirada crítica de Marías o Torres–Dulce, ha pasado la estrella de sheriff de Burt Lancaster, el taxi de Robert de Niro o la mirada abrasiva de Ingrid Bergman. Yo me he enamorado varias veces viendo a Garci. No de él, claro, sino de Marilyn Monroe, Jean Simmons o Ava Gardner. Confieso que en mis horas bajas incluso he llegado a enamorarme del caballo de John Wayne. Eran noches de amor y tiros, de pasión y misterio, noches para el western o el musical. Eran noches intempestivas en las que uno soñaba con estar despierto.

El cine de Garci era un cine grande y, al parecer, rentable. Fuentes de la cadena pública dicen que Garci se va “de mutuo acuerdo”, eufemismo que viene a decir que no llegaron a ningún acuerdo.

Garci se va. Se ha ido ya, quiero decir. Y nos ha dejado de postre Fresas salvajes y la sensación de que, con él, el cine una vez fue grande en La 2.


(Artículo publicado en El Periódico Extremadura el miércoles, 27 de diciembre de 2005).

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Libros de Francisco Rodríguez Criado

Microrrelato: Mendel, de la calle Market

microrrelato, Francisco Rodríguez Criado

Escribí este microrrelato en la época en la que devoraba los libros del escritor yiddish (o idish) Isaac Bashevis Singer, premio Nobel de Literatura en 1978 (y, sin embargo, no muy conocido por estos lares). Confieso que me sigue gustando (Singer y mi microrrelato, je). Es el cuento -creo recordar- que abre mi libro Siete minutos (La bolsa de pipas, Mallorca, 2003)

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La infancia

 

Francisco Rodríguez Criado, Paul Newman, La infancia
Fotograma de El buscavidas

Cuando pienso en mi infancia me viene a la mente la sala de billares de Obispo Segura Sáez (donde ahora está Artelux), ese templo del ocio al que los chicos del barrio, en un ejercicio de economía del lenguaje, solíamos nombrar “los billares”, a secas. Me inicié en el juego de las carambolas a los siete años, siempre invitado por un amigo que acostumbraba a sangrar la caja del bar de su padre. Aquellos billares llegaron a ser mi segundo hogar. Mi madre solía enviar a mi hermana para preguntarme si iba a dormir en casa. “Dile que no, que hoy he traído el pijama”. Mi padre, que tenía la pescadería casi enfrente de los billares, echaba una mirada de vez en cuando por si me “cazaba” subiendo aquellas cuatro escaleras; para burlar su vigilancia yo daba un pequeño rodeo, arrastrándome subrepticiamente como un ninja por la acera, la de la antigua cafetería Acuario. Algunas tardes me iba a jugar a las canicas a la Plaza de Italia, donde vivían mis abuelos. Otro paraíso… Ya ven: el juego y la calle nos condenaron a mis amigos y a mí a una infancia feliz. Enfrascados en las batallas de Mazinger Z, términos como “declaración de la Renta” o “hernia discal”, ay, no tenían entrada en nuestro diccionario. Gabi, Fofó y Miliki sí que eran grandes payasos de la tele, no como los de los reality show de ahora. La cita de Shakespeare “Todo el mundo es un escenario” describía perfectamente nuestras existencias. Bendita memoria…

Ahora recuerdo todo aquello con nostalgia. Y con la sensación purificadora y frustrante al mismo tiempo de saber que una vez fui niño.


(Artículo publicado en El Periódico Extremadura el miércoles, 14 de diciembre de 2005).

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